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Temas, tramas y traumas de un amante impotente... perdón, de una mente imponente

Tag: Música

Merle Haggard: “Mamá trató”

merle-haggardA finales de los años 60, en plena época del hippismo y las greñas largas, Merle Haggard cantó ante un público hippie, mariguano y de greñas largas una de sus obras maestras, llamada “Okie From Muskogee”.

Un Okie es alguien de Oklahoma. Y Muskogee es un pueblo de ese estado. Un fragmento de la canción dice así:

En Muskogee no fumamos mariguana;

no hacemos nuestros viajes en LSD,

no quemamos nuestras cartillas de reclutamiento en la Calle Principal;

nos gusta vivir correctamente y ser libres.

Estoy orgulloso de ser un Okie de Muskogee,

un lugar donde hasta la gente cuadrada se puede divertir;

todavía ondeamos la bandera en el palacio de justicia

y el relámpago es aún lo que nos da más emoción.

No convertimos al amor en una fiesta;

nos gusta tomarnos de las manos y cortejar;

no traemos el pelo largo y despeinado

como hacen los hippies de San Francisco…

Por supuesto que lo abuchearon. Y en ese instante Merle los desenmascaró. ¿No que mucho amor? ¿No que mucha tolerancia? Pues no, también existe la tiranía de la buena onda. Y pocos públicos son más reaccionarios que el público del rock: han quemado discos como los nazis quemaban libros, por ejemplo.  

Pero  me estoy desviando de tema. Estábamos en Merle Haggard y su atrevimiento de tocar esa canción country ante unos hippies “muy liberados” que resultaron ser una bola de fanáticos. Se necesitan muchos pantalones para hacer algo así. Pero para alguien como Merle, eso no es nada.

Nació en 1937  y cuando tenía 20 años fue sentenciado a prisión por robo. Le dieron una condena de 15 años, ya que no era su primer delito. Desde los nueve años (sí, nueve) se la pasó entrando y saliendo de tribunales de menores y correccionales, hasta que acabo en la Prisión Federal de San Quintín.

Mientras purgaba su condena, Johnny Cash fue a tocar a San Quintín. Luego de ver tres conciertos de Cash, la vida de Merle Haggard cambió para siempre Read the full article »

Dylan en Guadalajara (y Expecting Rain otra vez)

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Antier, 2 de marzo, se cumplió un año de que Bob Dylan tocó en el Auditorio Telmex de Guadalajara. Iba a ser el último concierto en México, pero luego se concretó Zacatecas, 23 días después en la Plaza de Armas.

Tal vez todos estos textos sobre Bob se conviertan en un libro. De ser así, se llamará Dylan: del Auditorio a Zacatecas.

Pero no a todos los lectores de este blog les interesa saber tanto sobre Bob Dylan. Así que había decidido no torturarlos con más relatos de la gira de hace un año. Sin embargo, ayer ocurrieron cinco cosas:

1.- Volví a salir en Expecting Rain, la página no oficial de Bob. (Vayan a expectingrain.com y en los links de March 3rd 2009 soy el número nueve, como el preso del que cantaba Joan Baez.

2.- Encontré algo que escribí en el Auditorio Telmex, un par de horas antes del concierto de Guadalajara.

3.- Hoy me llegó el soundtrack de la película Watchmen, que trae un cover de “Desolation Row”, a cargo de My Chemical Romance.

4.- Expecting Rain tomó su nombre de una frase de “Desolation Row”: Everybody is making love or else expecting rain (“Todo mundo está haciendo el amor o aguardando lluvia”).  

5.- El nuevo disco de U2 -que será reseñado aquí cuando acabe de digerirlo- está inesperadamente bueno, y la influencia de Dylan es evidente en canciones como “Breathe”.

Así que aquí va -ahora sí- la última entrega de esta historia de Dylan en México. La escribí en el comedor del Auditorio Telmex, en el día más tenso de toda la gira.

Bob Wayne, el encargado de seguridad a quien serví de traductor en el D.F., me empezó a odiar en Monterrey y ya para Guadalajara ni siquiera me hablaba. Las razones las ignoro aún. Pero habiendo leído varios libros de grupos en gira, sé que así son las cosas en el rock & roll.

El caso es que Guadalajara pintaba para ser un infierno. El Auditorio Telmex es una especie de Secundaria Técnica con Delirios de Grandeza. Quiere ser muy elegante, pero ningún lugar elegante tiene agujeros para poner el chesco en el descansabrazos de la butaca. Read the full article »

Oda a Beyoncé

Resulta que el escote de Beyoncé la traicionó en los Oscares. En ese momento casi nadie se dio cuenta, pero hay fotos que lo revelan: beyonce2beyonce3

De estas fotos salió lo que viene a continuación. Y antes de que alguien me diga que mi poema no rima, aclaro: Beyoncé se escribe con acento en la última “e”, pero se pronuncia como si el acento estuviera en la “o”. ¿Okey? Entonces aquí vamos:                                                                                                                                               

Oh, Beyoncé,

te iba a dedicar una

y acabaron siendo once.

Cuando me preguntan si quisiera ser Jay-Z

la respuesta siempre es sí;

pero ayer más que nunca,

Hija del Destino,

cuando tu vestido

tuvo el buen desatino

de bajarte el escote y mostrar ¡casi nada!:

beyonce4la deliciosa aureola apiñonada,

que hizo anhelar a toda la perrada

una época dorada: la lactancia.

Qué ganas, qué ansias  

de chupar, de lamer, de mordisquear

la teta destapada:

era como una cereza

que no se come, pero se mama.

Beyoncé,

parecías una malteada, Read the full article »

¡Estoy en Expecting Rain!

La página no oficial de Bob Dylan, Expecting Rain, es la mejor y más fidedigna fuente de información para todos los dylanianos en el mundo entero. Desde el día que inició este blog está puesta entre mis favoritas.

Hoy he tenido el honor de que ahí hayan puesto un link hacia mi artículo Dylan en Parque Lira.

Así que háganme este favor: vayan a expectingrain.com, y en la fecha de hoy (March 2nd, 2009) revisen los links. El número 13 es el de mi artículo. Denle click y vuelvan acá… O quédense allá y bajen algún episodio de Theme Time Radio Hour, el programa de radio de Bob, en Dylan’s Blindwilly o en Croz.fm.

Hoy en día, cualquier tarado es Premio Nacional de Literatura. Pero no cualquiera entra a Expecting Rain. ¡Yeah! bob1_altafide

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                    (Foto de Fernando Aceves)

Bob Dylan en Parque Lira

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A Jack Borovoy y Sergio Mayer.
El mejor promotor de rock de todos los tiempos se llamó Bill Graham.
Para mí, ustedes dos son Bill Graham.

Cuando ocurre algo que has deseado durante años, es como si no estuviera pasando.

Cuando Bob Dylan se paró en el quicio de la puerta del área de camerinos del Auditorio Nacional, listo para caminar hasta el escenario, lo vi. LO VI. Como a siete metros de donde yo estaba, en ese limbo llamado backstage, que no es ni camerino ni escenario.

“No es agua ni arena la orilla del mar”, dice José Gorostiza. Bueno, pues en esa orilla del mar de gente que esperaba ver al ídolo esa noche, yo lo ví primero.

Del quicio de la puerta dio un paso hacia el escenario, sin ver que había un pequeño escalón que lo hizo trastabillar levemente. Entonces movió las manos para recuperar el equilibrio y siguió caminando. Caminando hacia mí, que estaba en el paso hacia el escenario.

La expresión corporal de Dylan es rarísima. Cuando movió las manos volví a pensar, como cada vez que lo veo en concierto, que tiene algo de Clavillazo. “Hasta a’i nomáaas”, dirían -si hablaran- sus manos.

Además, su centro de gravedad es distinto al de los demás. Es como una marioneta. Es como de alambre. Cate Blanchett lo capta perfectamente en I’m Not There. Si su actuación ya me parecía deslumbrante, ver al verdadero Dylan tan de cerca me convenció de que es la mejor actriz del mundo.

El ídolo, la marioneta gigante que Gordon Craig imaginó para sustituir al actor, cobró vida y caminaba con botas texanas y un vestuario diseñado por el mexicano Manuel Cuevas Martínez, conocido simplemente como Manuel.

Manuel tiene 75 años. De niño, todavía en México, vendía naranjas a la orilla del camino. Cuando vendió suficientes, se metió al cine a ver una película del Llanero Solitario. Años después, su primer trabajo como diseñador fue haciéndole la ropa a Clayton Moore, o sea, el Llanero Solitario en persona.

Manuel es responsable de los trajes de Johnny Cash, del lino dorado y el cuero negro de Elvis (sus dos mejores trajes) y de los uniformes del Sargento Pimienta de los Beatles. También ha vestido a Dwight Yoakam, a Dolly Parton, a Madonna (en la etapa de Music) y a Elton John. Pero su cliente número uno es Dylan.

No necesito describir cómo iba vestido esa noche, hace exactamente un año, en el Auditorio. Esta espléndida foto de Fernando Aceves lo dice todo:

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 Luego pude ver entre telones el concierto completo. Jamás vi al público, pero lo oí gritar y aplaudir. Auditorio lleno hasta el tope. Era el momento. Dylan tenía un gran disco nuevo (Modern Times), I’m Not There causaba revuelo y todo mundo quería verlo. Desde sus sesentones contemporáneos hasta los más jóvenes rockeros, que en ese tiempo podían oírlo hasta en anuncios de iPod.

¿Pero cómo llegué ahí? Read the full article »