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Tag: Bob Dylan

Dylan en Guadalajara (y Expecting Rain otra vez)

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Antier, 2 de marzo, se cumplió un año de que Bob Dylan tocó en el Auditorio Telmex de Guadalajara. Iba a ser el último concierto en México, pero luego se concretó Zacatecas, 23 días después en la Plaza de Armas.

Tal vez todos estos textos sobre Bob se conviertan en un libro. De ser así, se llamará Dylan: del Auditorio a Zacatecas.

Pero no a todos los lectores de este blog les interesa saber tanto sobre Bob Dylan. Así que había decidido no torturarlos con más relatos de la gira de hace un año. Sin embargo, ayer ocurrieron cinco cosas:

1.- Volví a salir en Expecting Rain, la página no oficial de Bob. (Vayan a expectingrain.com y en los links de March 3rd 2009 soy el número nueve, como el preso del que cantaba Joan Baez.

2.- Encontré algo que escribí en el Auditorio Telmex, un par de horas antes del concierto de Guadalajara.

3.- Hoy me llegó el soundtrack de la película Watchmen, que trae un cover de “Desolation Row”, a cargo de My Chemical Romance.

4.- Expecting Rain tomó su nombre de una frase de “Desolation Row”: Everybody is making love or else expecting rain (“Todo mundo está haciendo el amor o aguardando lluvia”).  

5.- El nuevo disco de U2 -que será reseñado aquí cuando acabe de digerirlo- está inesperadamente bueno, y la influencia de Dylan es evidente en canciones como “Breathe”.

Así que aquí va -ahora sí- la última entrega de esta historia de Dylan en México. La escribí en el comedor del Auditorio Telmex, en el día más tenso de toda la gira.

Bob Wayne, el encargado de seguridad a quien serví de traductor en el D.F., me empezó a odiar en Monterrey y ya para Guadalajara ni siquiera me hablaba. Las razones las ignoro aún. Pero habiendo leído varios libros de grupos en gira, sé que así son las cosas en el rock & roll.

El caso es que Guadalajara pintaba para ser un infierno. El Auditorio Telmex es una especie de Secundaria Técnica con Delirios de Grandeza. Quiere ser muy elegante, pero ningún lugar elegante tiene agujeros para poner el chesco en el descansabrazos de la butaca. Read the full article »

¡Estoy en Expecting Rain!

La página no oficial de Bob Dylan, Expecting Rain, es la mejor y más fidedigna fuente de información para todos los dylanianos en el mundo entero. Desde el día que inició este blog está puesta entre mis favoritas.

Hoy he tenido el honor de que ahí hayan puesto un link hacia mi artículo Dylan en Parque Lira.

Así que háganme este favor: vayan a expectingrain.com, y en la fecha de hoy (March 2nd, 2009) revisen los links. El número 13 es el de mi artículo. Denle click y vuelvan acá… O quédense allá y bajen algún episodio de Theme Time Radio Hour, el programa de radio de Bob, en Dylan’s Blindwilly o en Croz.fm.

Hoy en día, cualquier tarado es Premio Nacional de Literatura. Pero no cualquiera entra a Expecting Rain. ¡Yeah! bob1_altafide

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                    (Foto de Fernando Aceves)

Bob Dylan en Parque Lira

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A Jack Borovoy y Sergio Mayer.
El mejor promotor de rock de todos los tiempos se llamó Bill Graham.
Para mí, ustedes dos son Bill Graham.

Cuando ocurre algo que has deseado durante años, es como si no estuviera pasando.

Cuando Bob Dylan se paró en el quicio de la puerta del área de camerinos del Auditorio Nacional, listo para caminar hasta el escenario, lo vi. LO VI. Como a siete metros de donde yo estaba, en ese limbo llamado backstage, que no es ni camerino ni escenario.

“No es agua ni arena la orilla del mar”, dice José Gorostiza. Bueno, pues en esa orilla del mar de gente que esperaba ver al ídolo esa noche, yo lo ví primero.

Del quicio de la puerta dio un paso hacia el escenario, sin ver que había un pequeño escalón que lo hizo trastabillar levemente. Entonces movió las manos para recuperar el equilibrio y siguió caminando. Caminando hacia mí, que estaba en el paso hacia el escenario.

La expresión corporal de Dylan es rarísima. Cuando movió las manos volví a pensar, como cada vez que lo veo en concierto, que tiene algo de Clavillazo. “Hasta a’i nomáaas”, dirían -si hablaran- sus manos.

Además, su centro de gravedad es distinto al de los demás. Es como una marioneta. Es como de alambre. Cate Blanchett lo capta perfectamente en I’m Not There. Si su actuación ya me parecía deslumbrante, ver al verdadero Dylan tan de cerca me convenció de que es la mejor actriz del mundo.

El ídolo, la marioneta gigante que Gordon Craig imaginó para sustituir al actor, cobró vida y caminaba con botas texanas y un vestuario diseñado por el mexicano Manuel Cuevas Martínez, conocido simplemente como Manuel.

Manuel tiene 75 años. De niño, todavía en México, vendía naranjas a la orilla del camino. Cuando vendió suficientes, se metió al cine a ver una película del Llanero Solitario. Años después, su primer trabajo como diseñador fue haciéndole la ropa a Clayton Moore, o sea, el Llanero Solitario en persona.

Manuel es responsable de los trajes de Johnny Cash, del lino dorado y el cuero negro de Elvis (sus dos mejores trajes) y de los uniformes del Sargento Pimienta de los Beatles. También ha vestido a Dwight Yoakam, a Dolly Parton, a Madonna (en la etapa de Music) y a Elton John. Pero su cliente número uno es Dylan.

No necesito describir cómo iba vestido esa noche, hace exactamente un año, en el Auditorio. Esta espléndida foto de Fernando Aceves lo dice todo:

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 Luego pude ver entre telones el concierto completo. Jamás vi al público, pero lo oí gritar y aplaudir. Auditorio lleno hasta el tope. Era el momento. Dylan tenía un gran disco nuevo (Modern Times), I’m Not There causaba revuelo y todo mundo quería verlo. Desde sus sesentones contemporáneos hasta los más jóvenes rockeros, que en ese tiempo podían oírlo hasta en anuncios de iPod.

¿Pero cómo llegué ahí? Read the full article »

Round de sombra vs. Bob Dylan

Hace exactamente un año, Bob Dylan ya estaba en la Ciudad de México para dar dos conciertos en el Auditorio Nacional. Pero nadie había podido verlo.bob-dylan-4

Justo la noche anterior, domingo 24 de febrero, yo estuve en el hotel Four Seasons viviendo el descontrol de todo mundo. Dylan había llegado cuando nadie lo esperaba, estaba en su habitación y no iba a salir. Y si salía, nadie iba a saberlo.

En una mesa del jardín del hotel reconocí a su bajista, Tony Garnier. Esperé a que terminara de cenar. Encendió un puro y se lo fumó tranquilamente mientras platicaba con un tipo muy delgado, de lentes, que luego resultó ser el mánager de Dylan.

Cuando me pareció prudente, le pregunté a Garnier que si él era él y amablemente me dio un autógrafo. Le dije que yo estaba ahí “para los conciertos”, sin aclarar que a esas alturas ya era el no-traductor oficial de su jefe en México.

“Nadie puede hablar con Dylan. Nunca”, le había dicho el promotor argentino Diego Finkelstein a mi tocayo, Sergio Mayer, unos minutos antes.

En otra mesa, el guitarrista Denny Freeman bebía algo a solas. Y en otra, más arrinconada, el baterista George Receli y el otro guitarrista, Stu Kimball, platicaban de algo que parecía serio.

Yo ya había visto a Kimball en la calle una vez, justo afuera del hotel Wellington de Nueva York, tres meses antes. Aquella vez le pedí un autógrafo. Apoyó la libreta en su pierna derecha, me preguntó mi nombre y estampó su rúbrica. “Nos vemos en el concierto”, le dije después de agradecer. Y caminé media cuadra hasta el New York City Center, donde una hora después Dylan dejó claro por qué sigue siendo el rey.

Esa misma noche vi a Mickey Rourke por segunda vez en mi vida. Una vez más en un concierto de su amigo Bob Dylan. Traía una chamarra de cuero negro y botas de piel de víbora. “¡Señor Rourke!”, le dije, como si fuera a acordarse de nuestro primer encuentro, aquel Sábado de Gloria de 2005. 

“Sí, hola, qué tal”, me dijo, muy apurado.

En México, tres años después y frente a mí, Stu Kimball estaba ahí de nuevo. Pensé acercármele y decirle algo. Pero desistí. Tal vez porque Receli tiene cara de pocos amigos (aunque luego, en Zacatecas, hablamos un par de minutos y resultó ser el más adorable de todos.)

Me metí al bar. La tele estaba puesta en los Oscares y justo en ese momento anunciaban la categoría de Mejor Actriz de Reparto. Entonces entró al bar la dramaturga Sabina Berman, para añadirle aún más rareza a la noche.

Mi relación con Sabina siempre ha sido áspera. Una vez, hace muchos años, le dejé diez minutos de insultos en la contestadora porque un actor, que trabajaba para ambos, no llegó a mi función de teatro por estar filmando con ella.

La película de Sabina era Pancho Villa. Mi obra, un montaje de True West, de Sam Shepard, coautor de la canción de Dylan “Brownsville Girl” y responsable del Rolling Thunder Logbook, un libro-bitácora de la gira Rolling Thunder Revue, donde Bob se pintaba la cara de blanco.    

Dos años después de las mentadas en la contestadora, vi Moliére y le llamé a Sabina Berman para decirle que era una obra espléndida y que al verla había llorado.

Luego otra vez volvimos a enemistarnos. O eso supongo, porque en el bar del Four Seasons me vio muy feo.

Entonces anunciaron que el Oscar lo había ganado Tilda Swinton por Michael Clayton y no Cate Blanchett por Mi historia sin mí, en la que interpretaba… a Bob Dylan, que en ese momento estaba a unos metros de ahí, en alguna suite que no daba a la calle, como había solicitado en el ryder.

Tan cerca y tan lejos. Y tal vez viendo lo mismo en el mismo momento: viéndose perder su Oscar indirecto. Read the full article »

El anuncio de Pepsi de Bob Dylan y will.i.am…

…que saldrá mañana en el Super Bowl está en expectingrain.com, la página no oficial de Dylan. Dicha página está en el Blogroll de Sergiozurita.com, por supuesto.pepsi