U2 es extraño: de pronto es uno de los mejores grupos de rock del mundo y luego, en un abrir y cerrar de ojos, parecen un merolico, su esposa bigotona y sus dos hijos idiotas.
Por fortuna, hoy en día la familia del merolico está encerrada y amordazada. Lo sé porque basta escuchar una sola vez No Line On The Horizon para darse cuenta de que U2 acaba de sacar su mejor álbum desde Achtung Baby, aquella obra maestra de 1991.
Dicen que no hay que juzgar un libro por su portada. Supongo que un disco tampoco. Pero la enigmática foto de la portada -que no es de Anton Corbijn, sino de Hiroshi Sugimoto- dice mucho. Y el título, ”Sin línea en el horizonte”, dice más.
La palabra “horizonte” es, según el Diccionario de la Real Academia, “el límite visual de la superficie terrestre, donde parecen juntarse el cielo y la tierra”. O sea que si no hay línea en el horizonte, simplemente no hay horizonte: el cielo y la tierra son una misma cosa. No hay fronteras, no hay límites.
El disco fue grabado en Marruecos, donde África está a punto de besar a Europa. Donde lo morisco del lugar se mezcló con lo católico del grupo, resultando en un sonido que, de manera casi subliminal, es muy árabe y hasta flamenco. La voz de Bono tiene un aplomo que había perdido hace años, pero con un nuevo ingrediente; la gravedad de alguien que ha regresado de un largo viaje, y aunque sigue siendo el mismo, algo en él cambió para siempre:
Vine de un lugar donde no hay una sola colina/ La tierra era plana, la carretera recta y amplia/ Mi hermano y yo manejábamos por horas/ Como si nos quedaran años en vez de días/ Nuestras caras tan pálidas como la sucia nieve/ Alguna vez supe del amor divino/ Luego vino un tiempo en que me desconoció/ Quién puede perdonar al perdón cuando el perdón no lo es/ Sólo el cordero tan blanco como la nieve…
El Antiguo Testamento y el Nuevo en unas cuantas líneas. Lo místico, la transformación del hombre en bestia y luego su redención a través de la fe, están presentes no sólo en este fragmento de “White As Snow”, sino en todo el disco. Cuando U2 aborda estos temas con la intensidad musical adecuanda, es insuperable. El arma secreta del álbum es Daniel Lanois, el productor canadiense radicado en Nueva Orleáns, cuyas atmósferas hacen que esta colección de canciones alcance proporciones bíblicas:
Me até con alambre/ Para poner a los caballos en libertad/ Jugando con fuego hasta que el fuego jugó conmigo/ La piedra era semipreciosa/ Estábamos apenas conscientes/ Dos almas demasiado listas como para estar en la esfera de la realidad/ Hasta en el día de nuestra boda/ Nos prendimos fuego/ Oh Dios, no la rechaces/ No se trata de que yo crea en el amor o no/ Pero si el amor cree en mí/ Entonces tú cree en mí/ En el momento de la rendición/ Caí de rodillas/ No noté a los que pasaban/ Y ellos no me notaron a mí/ He estado en todos los agujeros negros/ En el altar de la estrella sin luz/ Ahora mi cuerpo es el plato de un mendigo/ Que mendiga su regreso/ Mendiga su regreso/ A mi corazón/ Al ritmo de mi alma/ Al ritmo de mi inconciencia/ Al ritmo que añora/ ser liberado del control/ Apretando los números del cajero automático/ Pude ver en el reflejo/ Una cara viéndome de regreso/ En el momento de la rendición/ De la visión por encima de la visibilidad/ No noté a los que pasaban/ Y ellos no me notaron a mí/ Iba a toda velocidad en el metro/ A través de las estaciones del via crucis/ Cada ojo mirando hacia otro lado/ En cuenta regresiva hasta que el dolor se detuvo/ En el momento de la rendición/ De la visión por encima de la visibilidad/ No noté a los que pasaban/ Y ellos no me notaron a mí.
La canción se llama “Moment Of Surrender” y tiene, además de la magnífica letra de Bono, un sonido ancestral donde el bajo de Adam Clayton es el arma secreta: sus cuatro cuerdas edifican algo enorme, que la discreta guitarra de The Edge transforma en una iglesia, en una mezquita, en una Alhambra exuberante. “El amor es un templo”, dijeron en “One”. Bueno, pues el amor a Dios debe ser una catedral auditiva como ésta.
Pero la redención y la rendición no sólo llegan a través de Dios. En No Line On The Horizon hay otros dos temas fundamentales: el placer de estar vivo y la música misma. En “Magnificent”, Bono dice que nació “para cantarte a ti” y que “desde el útero mi primer llanto / fue un ruido placentero”. “Magnificent” parece ser la hija de “Cosmic Dancer” de T-Rex, grabada en 1971, en la que Marc Bolan proclamaba que salió bailando del útero y entraría bailando a la tumba. (Con esa canción empieza Billy Elliot, para más señas.)
“Magnificent” no alcanza la grandeza de “Cosmic Dancer”, tal vez porque el deparpajo se les da mejor a los ingleses que a los azotados de Irlanda. Pero hay una canción en No Line On The Horizon donde Bono sí logra un verdadero canto a sí mismo, donde la banda parece celebrar y también analizar la música que está tocando en ese mismo instante, en el que la tierra y el cielo son la misma cosa. Se llama “Breathe”. En ella, la vanguardia de Brian Eno (el otro productor del disco) hace un perfecto equilibrio con la ancestralidad de Lanois.
Corro por la carretera como electricidad liberada/ Mientras la banda en mi cabeza hace un striptease/ El rugido que aguarda al otro lado del silencio/ El fuego forestal que es miedo, así que lo niego/ Sal a la calle/ Canta hasta que el corazón se te salga/ La gente que conocemos no será ahogada/ No tienes nada que yo necesite/ Puedo respirar/ Respirar ahora/ Yeah, yeah/ Somos gente parida por el sonido/ Las canciones están en nuestros ojos/ Las luciremos cual coronas/ Sal a la calle rebosante de sol/ Canta con todo tu corazón, canta con todo mi corazón/ He encontrado la gracia dentro del sonido/ Es todo lo que he encontrado/ Y puedo respirar/ Respirar ahora.
“Breathe” es la mejor canción del disco. No pierde lo místico y además suena actual. Para lograr eso hay que cantar como Bob Dylan. Bono lo sabe y lo hace. En el resultado final hay alma, pero está pero por debajo de la carne y el templo es un cuerpo. Aleluya. Festejemos este gran disco de U2, antes de que vuelvan a irse a la pontificación o a la superficialidad. Antes de que vuelvan el merolico, su esposa y sus hijos.


