Mi madre, Bruce Springsteen y la Tierra Prometida

 

A mi madre, Yolanda Chávez Haro (1951-2012). Con todo mi amor.

Me acabo de enterar de que Bruce Springsteen va a tocar en México el 10 de diciembre. Es la primera vez que viene. Pensé que nunca ocurriría. Al saberlo me puse feliz y luego, en un arrebato, escribí lo siguiente:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hace tres semanas vi dos conciertos de Springsteen en su natal Nueva Jersey. Bastó que pisara el escenario del estadio MetLife para que eso de que “nadie es profeta en su tierra” se hiciera polvo con una ovación estremecedora.

En ambas ocasiones tocó más de tres horas y media. El segundo concierto se retrasó un par de horas porque había tormenta eléctrica y una lluvia tremenda. Empezó a las diez de la noche, lo cual significaba que El Jefe iba a comenzar su cumpleaños número 63 tocando.

“Creo que acabo de invitar a cincuenta mil personas a mi fiesta de cumpleaños”, dijo cuando por fin la lluvia y los rayos se apiadaron de la noche. Y abrió con dos canciones del álbum doble The River: “Out In The Street” y “The Ties That Bind”.

The River (1980) es uno de mis cinco discos favoritos de todos los tiempos. Lo compré en 1991 y no pude estrenarlo durante varios días. Entonces supe que mi abuelo estaba gravemente enfermo y que debía ir a San José de Gracia, Michoacán, a verlo. Yo viví en San José de 1979 a 1983, es decir, de los 8 a los 12 años de edad. No fui feliz ahí, porque desde que nací soy una rata de ciudad, y porque mi mamá se quedó en México y me mandó a vivir con mis abuelos cuando ellos decidieron que estaban hartos de la Capital y que iban a volver a casa.

Mandarme con ellos fue la solución, porque mi madre trabajaba todo el día. Lo constaté varias veces cuando me traía al D.F. de vacaciones y la acompañaba. Era maestra de taquimecanografía en tres escuelas. Una estaba en Azcapotzalco, otra en Naucalpan y la tercera en Miramontes. Yolanda, mi madre, se aventaba ese recorrido todos los días es su Valiant azul cielo. A veces, antes de entrar a la escuela de Miramontes, ya con el sol oculto, se estacionaba bajo las ramas de un árbol que estaba junto a una casa muy bonita y se dormía un rato. Años después descubrió que en esa casa vivía Rubén, con quien se iba a casar. Pero en ese momento aún no se conocían.

Pero regresemos a 1991. Mi abuelo agoniza de cáncer. Yo tengo 19 años. Desde los 16 no voy a San José. Lo odio. Representa cuatro años sin vivir con mi madre. Cuatro años de humillaciones por parte de otros niños por ser un bicho raro: un sabelotodo de México, que aprendió en segundo de primaria todo lo que las monjas del pueblo estaban enseñando en tercero. Malo para los deportes. Débil y torpe físicamente. Con un pánico tremendo los balones. Ignorante de los usos y costumbres locales. Y para acabarla de amolar, portador de algo que allá era lo más raro del mundo: lentes de contacto. Que se me salían a cada rato por vivir en un lugar tan terregoso.

Y ahora tengo que volver. Tengo que ver a mi abuelo por última vez. No lo he visto en tres años, porque mi odio al pueblo puede más que mi amor por él. Voy a la Terminal del Norte a tomar el camión rumbo a San José de Gracia. Tengo un Discman y unos audífonos. Le quito el celofán a The River. Meto el primer CD en el Discman, aprieto play y ocurre un milagro: Bruce Springsteen describe exactamente cómo me siento en ese momento:

“Te han lastimado y ya no puedes llorar más/ Te abres paso a empujones por la calle/ Empacaste tus maletas y quieres irte solo/ No quieres nada, no necesitas a nadie a tu lado/ Caminas rudo, muchacho, pero caminas a ciegas/ Hacia los lazos que atan/No puedes romper los lazos que atan”.

The Ties That Bind. Los lazos que atan. Cuando oigo a Bruce diciéndome que esos lazos son irrompibles, una extraña calma me invade. Estoy ligado para siempre a San José de Gracia, así que más me vale aceptarlo. El resto del viaje se vuelve disfrutable. Me dejo llevar por la corriente de The River, un disco que me ha salvado varias veces desde entonces. Si tuviera que irme a una isla desierta, sin duda me llevaría ese río.

Estamos de nuevo en Nueva Jersey. Ya son las doce. El 22 de septiembre ha muerto y el 23 está naciendo. Bruce Springsteen cumple 63 años y anuncia la llegada del nuevo día cantando  “In The Midnight Hour”  de Wilson Pickett. Cincuenta mil almas le cantamos “Happy Birthday”. Hora y media después aparecerá un pastel con una Fender Telecaster que dice “Happy Birthday, Boss”. Su madre, una adorable octogenaria, cantará con él “Twist And Shout” para cerrar el concierto de manera entrañable. Hay felicidad en la familia Springsteen esa noche.

Pero esa felicidad costó sangre, sudor y lágrimas. En un número reciente de la revista The New Yorker hay un artículo espléndido sobre Springsteen, que narra cómo su padre, un veterano de la Segunda Guerra Mundial, sometía a Bruce a terribles interrogatorios sobre qué iba a hacer con su vida. Estos interrogatorios eran de noche, con todas las luces apagadas (la gente que ha vivido verdaderas carencias evita gastar energía a toda costa). Bruce sólo podía sentir el aliento alcohólico de su padre gritándole, y a sus 13 o 14 años era incapaz de explicarle que su futuro trabajo, llamado cantante de rock & roll, apenas acababa de ser inventado por Elvis Presley.

Esas noches infernales siempre acababan con el señor Springsteen tratando de golpear a Bruce, y su madre, Adele, evitando la paliza. Según el mismo artículo, el padre de Springsteen era bipolar, pero el término ni siquiera existía en aquellos tiempos. Mucho menos un tratamiento para controlarlo.

La difícil relación con su padre afectó a Bruce a tal grado, que a principios de los años 80, cuando ya era una estrella de fama mundial, todavía manejaba varias veces a la semana, de noche, hacia la casa de su infancia y adolescencia, y se quedaba viéndola desde afuera, hasta que un día su siquiatra le dijo: “Bruce, tú vas a esa casa porque ahí pasó algo malo y sientes que puedes remediarlo”. “Sí”, contestó el Jefe. “Bueno, pues no puedes”. Otra vez los lazos que atan. No se pueden romper. Bruce dejó de ir a pararse afuera de esa casa. A su siquiatra lo sigue viendo.

Yo pensaba en eso mientras veía a la mamá de Springsteen bailoteando “Twist And Shout” con la sonrisa luminosa que le heredó a su hijo. “Del via crucis ni hablar ahorita/ Ay, Angelita”, dice Jaime López en una bellísima canción sobre su propia madre. Pensé en Jaime y en mi madre cuando acabó el concierto. La imaginé como Adele y Angelita, aún vital a los ochenta y tantos. Pero no sería así.

Un rato antes de “Twist And Shout”, Bruce Springsteen habló de fantasmas. La E Street Band perdió a su organista y acordeonista Danny Federici en 2008. Y en 2011, falleció su símbolo máximo, el saxofonista Clarence Clemons. La portada de Born To Run, con Bruce apoyado en Clarence, es la más hermosa imagen de amistad que he visto en mi vida. “Al morir, Clarence no abandona la E Street Band. La abandonará cuando nosotros hayamos muerto”, dijo Springsteen en el funeral de su querido amigo.

El 18 de marzo pasado, yo estaba en Atlanta para ver el primer concierto de Bruce Springsteen y la E Street Band sin Clarence Clemons y Danny Federici. El sobrino de Clarence, Jake Clemons, hizo un estupendo trabajo. Toca con el alma, como su legendario tío. El momento más emotivo de la noche fue cuando Bruce presentó a cada uno de los integrantes de la banda. Al terminar preguntó: “Are we missing anybody?” La frase, en español, tiene dos significados: “¿Nos falta alguien?” y “¿Extrañamos a alguien?”.

El estruendoso aplauso no se hizo esperar. “Déjenme decirles una cosa. Si ustedes están aquí y nosotros estamos aquí, ellos también están aquí”. Y levantó el micrófono hacia el cielo. No pude evitar llorar. Y ahora que lo escribo, lloro de nuevo.

Meses después, en Nueva Jersey, cumpliendo un año más de vida, Springsteen habló de la muerte. Con la melodía de “My City Of Ruins” de fondo, dijo que originalmente había escrito esa canción para Asbury Park, la pequeña localidad donde se formó como músico. Pero ahora, explicó, se había convertido en una canción sobre fantasmas: “Nuestros fantasmas caminan a nuestro lado, a donde quiera que vamos”.

Mi amigo Roberto Jimeno estaba junto a mí mientras Springsteen decía esto. Pensé en su padre, Manuel Jimeno, que había muerto un año antes. Pensé Douglas Springsteen, el padre de Bruce, muerto en 1998. Pensé en Danny Federici y pensé en Clarence. Una semana después, al recordar esa frase, estaría pensando en mi madre.

“Sin tu dulce beso/ Mi alma está perdida/ ¿Cómo hago para empezar otra vez?/ Mi ciudad está en ruinas”, lamenta Springsteen en “My City Of Ruins”. Pero como la autoconmiseración no está en su vocabulario, de inmediato se contesta cómo empezar otra vez: “Con estas manos”, canta en un trance de góspel. “Con estas manos/ Con estas manos”, repite una y otra vez. Y luego le grita a la ciudad en ruinas: “¡Vamos, levántate!”, en un grito que también es para sí mismo, porque el católico Springsteen sabe que uno debe ser el Jesús de su propio Lázaro, y resucitar una y otra vez.

Al día siguiente volví a México. El vuelo iba a salir a las dos de la tarde y salió a las doce de la noche. Como a las nueve, aún sin saber si podría volver esa noche, hablé con mi madre por teléfono. Le expliqué la situación. Colgamos. Media hora después recibí un mensaje de que me habían depositado 500 pesos de crédito en mi celular. Y luego otro mensaje idéntico. Mi madre expresaba su amor así, ocupándose de que yo no me fuera a quedar sin poder hablar por teléfono.

Volví en la madrugada del lunes. Esa noche hablé con ella para despedirme antes de viajar a Segovia, España, a presentar Aullido de Allen Ginsberg con Jaime López y Diego Luna. “A ver si cuando regreses ya nos vemos, ¿no?”, me dijo. “Es cierto”, le contesté, “hace un montón que no nos vemos”. El día anterior se había lastimado la zona lumbar haciendo yoga y le dolía, pero no me dijo nada. Mi madre expresaba su amor así, evitando preocuparme.

En España conocí a Javier Gurruchaga de la Orquesta Mondragón, porque es amigo de Jaime y fue a Segovia a verlo. Nos estuvo contando que su madre había muerto en marzo, repentinamente, y que estaba hecho polvo. En televisión, años atrás, tenía un par de personajes que estaban basados en sus padres. Ahora, huérfano de ambos, a veces hace la voz de alguno de ellos cuando está solo y eso le reconforta. Qué tipo más adorable.

Regresé a México a las cuatro y media de la mañana del domingo. A las seis estaba completamente dormido. A las nueve, mientras yo dormía, una ambulancia estaba pasando por mi madre para llevarla al hospital. Al atardecer sonó el teléfono. Era Rubén, su esposo, que no me engendró pero es mi padre. No estaba seguro de que yo ya hubiera vuelto de España, así que sintió alivio al oírme. Me contó todo. La lastimadura en la espalda. Unos medicamentos que resultaron poco efectivos. Una primera visita al hospital a causa del dolor. Un día de tregua y luego una falla renal que la llevó a urgencias y de ahí a terapia intensiva.

La pesadilla pareció haber terminado al atardecer del domingo. Rubén, mi padre, me dijo que los médicos le aconsejaron irse a casa, y como mi madre se veía mejor y él llevaba una semana sin descanso, accedió. Quedamos de vernos al día siguiente a las nueve de la mañana, para verla en terapia intensiva a las diez, que es la hora a la que empiezan las visitas.

No pude dormir. A las cinco de la mañana tocaron el timbre de mi casa. Fui a ver quién era. No había nadie. Tres minutos después llamó mi padre para decirme que debíamos irnos al hospital en ese momento. Mi madre había sufrido una falla hepática y agonizaba.

“¿Está sufriendo?”, preguntó mi padre en cuanto vio a los médicos. Le aseguraron que no y le dijeron que iban a intentar algo más para salvarla. Mi tía Luzma, hermana de mi mamá, y mi tío Eduardo, su esposo, llegaron en ese momento. Diez minutos después nos dejaron pasar a verla. Estaba inconsciente. Su caja torácica subía y bajaba, pero eso era gracias al respirador artificial.

“Dile lo que tengas que decirle. Dile que la perdonas, si la tienes que perdonar. Y pídele perdón, si tienes que hacerlo”, me dijo Rubén. Me acerqué al rostro de mi madre, le acaricié el cabello y le dije al oído: “Mamá, te quiero mucho. Si te tienes que ir, vete. Yo voy a estar bien. No soy un niño, soy un hombre”.

Nadie en ese cuarto lo sabía, pero yo estaba diciendo una frase de “The Promised Land”, de Bruce Springsteen:

“Los perros de la calle principal aúllan porque entienden/ Que si pudiera tomar un momento entre mis manos/ Señor, yo no soy un niño, soy un hombre/ Y creo en la Tierra Prometida”.

En 40 años que tengo de estar vivo, nunca había dicho “Soy un hombre”. Algo en mí no dejaba de percibirse como aquel niño medio ciego y asustadizo en San José de Gracia. Pero aquel niño se disolvió al mismo tiempo que mi madre exhalaba su último aliento. Ahora me quedo sin ella de nuevo, pero por fin entiendo que cuando me mandó a vivir con mis abuelos a San José de Gracia, estaba dándome todas las armas y todo el amor del que era posible para que un día me convirtiera en un hombre.

Así que después de ir a España a presentar Aullido, los perros de la calle aullaron al entender que por fin había dejado de ser un niño. Pero eso no significa renunciar a los sueños. Creo en la Tierra Prometida y sé que algún día volveré a ver a mi madre. Porque Yolanda no deja de ser mi madre ahora que ha muerto. Dejará de serlo cuando yo muera.

Al enterarse de mi pérdida, mi amigo Omar de la Rosa me envió un mensaje recordándome lo que había dicho Bruce en Nueva Jersey: “Nuestros fantasmas caminan a nuestro lado, a donde quiera que vamos”. Y añadió: “A partir de ahora tu mamá viaja en tu corazón y estará por siempre cerca de ti”.

Lo que dices es cierto, querido Omar. Más cierto de lo que te imaginas. El próximo 10 de diciembre, cuando Bruce Springsteen pise el escenario del Palacio de los Deportes, mi madre estará ahí, a mi lado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

33 thoughts on “Mi madre, Bruce Springsteen y la Tierra Prometida

  1. Eres alguien a quien admiro mucho, como no tienes idea. Desde hace mucho.

    Me conmoviste hasta las lágrimas el primero octubre cuando escuché el programa. De nuevo lo volviste a hacer con este post.

    Gracias por escribir de esta manera: desde el corazón.

    Y todo al tiempo. Fuerza.

  2. Sencillamente hermoso lo que acabo de leer, tan intimista, tan de amigo a amigo, lo agradezco de corazon, pasajes similares viví con mi madre en sus ultimos momentos de vida, y rodaron lagrimas al recordarlo. Sos especial y este post lo demuestra.
    Animo y fortaleza. =)

  3. Uff que forma de transmitir emociones! Hace tiempo que no te leia y ahora logras atraparme con algo tan triste y a la vez tan lleno de certeza de que todas las cosas que uno vive nos sirven como aprendizaje tarde o temprano. Admiro a tu madre por haber tenido la inteligencia y el valor de separarse de ti para hacerte un gran bien y que, sin duda, a ella le causo un gran dolor. Ahora tienes a tu madre siempre a tu lado……. Un abrazo!

  4. Amigo mio cuanta devastacion, creeme no hay coincidencias, tu te sientes como Bruce, y yo encuentro tanta similitud de mi vida con la tuya, que Dios te mande mucha sabiduria y bendiciones, yo a mi mama aun la extraño. Pareceria extraño el comentario pero gracias por compartir.

  5. Sergio, hace dos años yo vivi esa misma perdida, me sentia tan desolada y triste como nunca en mi vida, fue entonces que el 10 de julio de 2010 en tu página lei un poema tuyo que me conmovio mucho y me hizo sentir en toda su magnitud el inmenso amor de mi madre, en aquella ocasión te envie un mensaje de agradecimiento al Facebook y comparti contigo esos sentimientos tan dolorosos y a la vez maravillosos que por tu sensibilidad y la capacidad que tienes de transmitirla me hicieron sentirme confiada de poder compartir contigo algo tan importante en mi vida, hoy nuevamente me haces llorar como una pequeña en una mezcla de sentimientos de dolor, compasión, fe y sobre todo amor.
    Gracias nuevamente por escribir y compartir estos momentos tandificiles y dolorosos, y te recuerdo lo que me escribiste: “Los árabes dicen que después de los 40 años uno se convierte en su propio padre. Ahora tendrás que ser tu propia mamá. Por lo pronto, apapáchate mucho y luego, a enfrentar de nuevo al mundo”.
    Recibe toda mi admiración y cariño y un abrazo de corazón.
    Beatriz

  6. No sabía que decirte , pero pensé en alguien que te lo puede describir mejor:

    Maybe, it’s the color of the sun cut flat
    And coverin’ the crossroads I’m standing at
    Well maybe it’s the weather or something like that
    And mama, you just on my mind
    Mama, you just on my mind.

  7. Hay algo siempre de esperanza en cada palabra. La vida es tan grande que, como sea, queremos que no se acabe. Incluso, con la muerte, no es para nosotros el fin. No podemos estar equivocados tantos pensando que más allá de aquí hay una Tierra Prometida. La promesa de volvernos a ver es más fuerte que cualquier despedida. En fantasmas, en recuerdos, en canciones, en libretas, en sueños, siguen aquí. Que ellos te acompañen.
    Fuerza, Sergio. Gracias por compartirnos este momento. En paz descanse doña Yolanda.

  8. Hace dos años murió mi mejor amiga, al regresar del panteón yo estaba devastada, la radio estaba en exa, cuando me dí cuenta estaba botada de la risa con lo que decían tu, Jorge, Fausto y Claudia, cuanto les agradecí lo que acababan de hacer, te mandé un mensaje y me contestaste, ahora me conmoviste, porque te he conocido a lo largo de estos años que te he venido escuchando y en dos ocasiones que te he podido saludar,( una vez en la Fil y la otra en el polyforum), te considero mi amigo, porque ten la seguridad, yo si soy tu amiga y te quiero mucho, por todo esto te mando un abrazo solidario y tu verás con el tiempo que tu mamá no se fué del todo una parte de ella se quedó en ti. ¡Que bonita tu mamá!. Y gracias por compartir.

  9. La capacidad que tienes de transmitir tantas emociones a través de estas líneas se debe sin duda a tu gran sensibilidad y eso es de admirarse. En verdad me conmoví hasta las lágrimas. Tu madre con seguridad está en un mejor lugar y por supuesto sientiéndose muy orgullosa de tí. Te envío un fuerte pero muy fuerte abrazo mi Serch.

  10. En un mar de lágrimas…
    Hace 7 meses me tocó estar en el lecho de muerte de mi hermana mayor, la que fué como mi segunda mamá, cuando el Dr. dijo que no había nada que hacer y que me despidiera de ella, creí que sería fácil decirle que se fuera en paz, que sus hijos y su nieto estarían bien, que descansara, que dejara de sufrir, es lo más difícil que me ha tocado vivir por que no aceptaba que se muriera, había tantas cosas por hacer y vivir, sus últimos “respiros” aún alcanzaron a su hija menor, de quien al ver su dolor tuve que el mio era muy poco por que ella perdía a su madre

  11. (Se me envió antes de terminar el post pasado)
    Al ver su dolor, tuve que ser “fuerte” sentí que el dolor de ella era peor pues perdía a su mamá, se supone que yo estaba para apoyar y ser fuerte, pero también fué mi mamá, fué mi hermana, mi querida hermana… aún le sigo llorando, extrañando, recuerdo sus anécdotas, su humor, sus pláticas y siento que aún está conmigo.
    sé que se encuentra en un mejor lugar, cuidándonos a todos.
    Te admiro mucho Sergio, tu mami está contigo, está bien.
    Un abrazo!

  12. He vivido lo mismo que tu pero yo tuve que hablarle a mi abuelo materno, bueno, mas que eso era mi papá… Por diversas circunstancias él se hizo cargo de mi, me enseñó lo que se y me formó como soy. Él era un hombre que a pesar de no haber estudiado mas allá de segundo de secundaria, sabía mucho… Adoraba leer y escribía una columna de anécdotas en un periódico regional… Cuando él entró al hospital, iba por una infección estomacal que al final terminó en una falla multiorgánica que lo hizo quedar en coma, con un respirador… Creo que por eso tu descripción me conmovió hasta las lágrimas, me tocó entrar y hablarle al oído, despedirme y decirle que no había nada pendiente entre él y yo, que siguiera su camino… Sergio mi admiración por ti se desborda, qué manera de escribir, de transformar tus sentimientos en palabras… Leer esto me hizo sentir menos sola…

  13. Hola Sergio, acabo de leer el post y apenas pude contener las lágrimas, gracias por compartir tu experiencia con nosotros y hacerle este homenaje póstumo a tu señora madre que, por lo que cuentas de ella, fue una mujer de lucha y creo que así es como siempre la tendrás presente. En mi caso aún no experimento una pérdida cercana, gracias a Dios, mis papás y mi hermano están a mi lado, incluso mis abuelos, pero sé que lo más importante cuando llegue el día de la separación es estar en paz con ellos y atesorar los momentos juntos. Puedo decirte que como persona religiosa y haciendo eco a la frase de Bruce “Y creo en la Tierra Prometida”, la muerte solo es una separación temporal, es un descanso, un sueño profundo de las cosas que pasan en esta vida pasajera y cuando Dios lo disponga, esas tumbas se abrirán y tendremos la vida inmortal y te mando esta promesa bíblica de esperanza ante la muerte:

    La venida del Señor

    4:13 Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.
    4:14 Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.
    4:15 Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.
    4:16 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.
    4:17 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.
    4:18 Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.

  14. Sergio:

    Yo como muchos te sigo desde hace tiempo y cada día que pasa te estimo y admiro más.

    Gracias por compartir esto.

    Por favor hoy y siempre siéntete acompañado por quienes te estimamos sinceramente.

    Un abrazo desde Monterrey.

  15. Sergio, gracias por compartir, la neta somos tus cuates y a titulo personal te comparto mi perdida:
    El 31 de marzo de 2011 a las 3:30 de la tarde se me fue lo más padre, mi papa, no sin antes haber cumplido su misión, vivir y vivir bien, buscando la cultura sin pretender ser culto, comiendo como Dios manda y el médico prohíbe, dejándose consentir por aquellos a quien tanto consintió, con mucha paz y sin escándalos.
    Cuando eres niño y tienes miedo corres con tu papá, te sientes protegido y sabes que no pasa nada; cuando vas a la escuela de su mano y no te dice nada, sólo te lleva, aprendes que es la responsabilidad; cuando te tapa en la noche o te lleva a la tienda, sabes que es un apapacho, una forma de caricia y hay un día que le quitas las ruedas a tu bici, te lleva a un parque o una explanada y te dice “tu dale, yo te agarro”, sabes que te va sujetando y le das duro, de pronto vas tan rápido que no te das cuenta que él se quedó atrás, que ahora vas tú solo, él se quedó viendo como cada vez vas más rápido y te sonríe y, normalmente no ves su risa por la distancia y la velocidad, pero sonríe.
    Por eso agradezco a la vida que tardara 40 años en quitar las ruedas de mi bici.

    Un abrazo de admiración y respeto para ti.

  16. Recibe un abrazo entrañable…a falta de palabras que escribir y un poco en la cuestionada cercanía que me permite hacerlo, como radioescucha y lectora inconstante…te escucho y leo ahora, y mis lagrimas corren por el rostro que no vez y mi corazón menos del que solo salen pensamientos y cariños de condolencia para ti…Recibelo de persona a persona con la empatía que la radio nos concede y la humanidad nos merece. B.

  17. Mi amado Sergio, ojala pudiera expresarte con palabras lo mucho que significas para mi, lo importante que has sido y eres en mi vida. Te escucho desde hace 10 años, es por eso que me tomo el atrevimiento de sentirte como un amigo entrañable. Saber que estas pasando un momento tan dificil me parte el alma. No puedo mas que enviarte mi más sentido pésame, de todo corazón espero que el tiempo te traiga consuelo.
    Siento una extraña frustración de no poder hacer más por ti. En todo el tiempo que llevo escuchandote en mi vida personal he pasado por momentos de gran dolor, hace seis meses perdí a mi querido abuelito que fue otro padre para mi, y tú sin saberlo me diste consuelo, me ayudaste a sobrellevar mi pérdida, tú has hecho tanto por mi.
    Eres un ser humano maravilloso Sergio Zurita, una de mis personas favoritas en el mundo. Tú mamá ha debido ser la más orgullosa del mundo.
    Que Dios te bendiga y te guíe.
    Con amor Ana.

  18. Mi estimdo Sergio, lamento profundamente tu pérdida pero admiro la fortaleza con la que la enfrentas, hace un mes, el 15 de septiembre murió una amiga a causa de un cáncer, no había podido llorar su partida y al leer tu hermoso escrito pude hacerlo, se que mi amiga, esta en un maravilloso lugar, porque en vida fue una persona que siempre demostró y dio amor, puedo ver en tus palabras el respeto, admiración, agradecimiento y gran amor hacia tu mamá, y agradezo poder escucharte y leerte y que nos compartas tan nobles sentimientos, te reitero mi admiración y te mando un fuerte abrazo

  19. Hola Sergio

    Yo perdi a mi mamá cuando yo tenia 36 años tambien de un problema hepatico, cuando me despedi de ella tenía y tengo la esperanza de volver a verla, es cierto nuestros fantasmas caminan con nosotros a donde quiera que vamos, hay muchas influencias en nuestra vida pero la más definitiva es la de nuestra madre. el dolor de perderla no se ha ido pero se ha vuelto más tolerable, espero que pronto te suceda lo mismo.

  20. Mis más sinceras felicitaciones a doña Yolanda, ésa es la labor que todo padre debe realizar en esta vida, enseñar a nuestros hijos a vivir, y en tí mi estimado sergio lo logró, nos dió a un hombre que por lo menos para mi es un ídolo, ayer le decías a Fito Giron que si podias cargarle sus maletas para aprender de él, creeme que muchos te diriamos los mismo.

    Estoy contigo en tu dolor y en tu alegría como siempre; como tú mismo te describes soy un fan, de todas tus obras, libros y programas.

    Saludos desde Tampico.

  21. Hola Sergio, soy un fan-radioescucha de Dispara Margot y antes (x ahi del 2004) en la taquilla, primero que nada decirte que te admiro y que de todo lo que has pasado últimamente nos ha dolido mucho a los que te apreciamos.

    En estos días en mi familia estamos pasando una situación complicada con mi mamá; esta hospitalizada y aunque en teoría nos dicen no es grave, estamos muy preocupados.
    Yo al igual que tú; soy de un pueblo (en mi caso del estado de Guerrero) vivo en el DF por cuestiones de mejores oportunidades de vida, y gracias al amor de mi mamá logré lo que ahora soy; (disculpa no quería hablar de mi) sino darte mi saludo y mi admiración.

    Gracias por compartir tu historia con nosotros y decirte que siempre que los escucho por podcast aprendo algo más del gran Sergio Zurita CHAVEZ.

    Un abrazo mi estimado Sergio.

    Atte, Jacob

  22. hola sergio.
    me tomo la libertad de escribirte de tù y llamarte por tu nombre pues mis tardes son alegres al escucharles en DMD y es como si ya te conociera, no puedo mas q admirar tu trabajo, tus ideales, y lo poco q se de tu vida, ayer leì el articulo q escribiste “mi madre,bruce springsteen y la tierra prometida” y no puedo mas q decir q desde q lo comencé a leer llore como un bebe pues pase x varios estados al leerlo, senti q leia un libro, una novela, habia emocion , miedo suspenso y esperanza, senti la necesidad de estar sola , acompañada y asta en familia y no puedo decir mas q sin conocerte te respeto mas , pues pasar x todos esos estados en solo unas lineas es mejor q leer el mejor libro del mundo.
    Gracias x haber hecho de mi dia de ayer el mejor dia , el mejor momento , la mejor tarde.
    suerte y q dios te bendiga siempre.

  23. Inevitablemente esto me recordó una de las canciones en Español más tristes y emotivas de la historia se llama Mama de Jarabe de Palo (sic, se refiere a la perdida materna)… para ser honesto me rodaron unas lagrimas (como decía el piporro “cuando a un hombre se le ruedan lagrimas no tiene vuelta de hoja; es que ese hombre esta llorando”). Como dijo Bruce Springsteen, hay que esperar un día soleado que ahuyente las nubes. Un Abrazo.

  24. Sergio, vendita sea mi fortuna que yo todavía no paso por la pena que tu estas teniendo, sin embargo, sé que algún día me tocara sentirla, y sin duda alguna, recordare este hermoso artículo que has hecho y al igual que tú y al igual que brouse, tratare de ser un hombre. Te mando un abrazo y sé que alguien tan genial como tu podrá encontrar el alivio pronto en la belleza que nos ofrece la vida misma.

  25. El día que llegó el correo de la notificación de esta publicación lo leí inmediatamente y no pude evitar sentir mi estomago oprimido y las lágrimas comenzarón a rodar sin darme cuenta, creó que es una bendición que tengas el don de expresar y sacar todo lo que sientes a través de las palabras, amo la forma en que relacionas tantos eventos en tú vida, con la música de tus grandes ídolos y la forma que tienes de expresarlo a través de este texto es súblime, como decía Susana Alexander en la obra “El año del pensamiento mágico”, es algo por lo que todos pasaremos, triste pero cierto, y quienes hemos pasado por este momento creó nos sentimos ampliamente identificados. Gracias

  26. ¡Ah, qué manera de escribir! Y de honrar a tu hermosa madre. Me uno al sentimiento de agradecimiento de tus lectores y radio-escuchas por compartir tu sentir y pensar de una manera tan conmovedora y real…musical. También quiero expresarte mis más sentidas condolencias. Habrá una tierra prometida… yo también espero…quiero creer. Mientras estamos aqui y hoy me tocó leerte, escribirte y sobretodo, avivar la esperanza. Un abrazo querido Zuri.

  27. Empecé con un tuit pero me di cuenta que los caracteres no serian suficientes. Sergio, numero uno, soy súper fiel a tu programa… Y como muchos creo que te conozco porque te confiesas y eres demasiado transparente. Cuando compartiste tu divorcio me dolió, porque idealizo las relaciones que me parecen sólidas, cuando dijiste que murió tu mamá no pude evitar llorar y te di un abrazo secreto, pero hoy que escuché el podcast en el que mencionabas tu nuevo post en tu pagina, corrí a leerlo y has hecho que llore como una niña y como una niña que no quiere dejar de serlo porque no se ha permitido considerar que su madre puede irse en cualquier momento…. Me pegaron mucho tus palabras y sé que es una catarsis para ti escribir esas lineas y que te ayudan a lidiar con la perdida, pero a la vez siembras algo, mueves fibras sensibles que lo hacen a uno reaccionar y sentirse vivo. Gracias por compartir la foto de tu mamá, hermosa sin duda, porque no saliste así de guapo jaja? Te mando un abrazo virtual, y fuera de broma de verdad siento que te quiero….. Sugerencia busca a una nueva Sandia.

  28. Maestro lo unico que puedo decirle es que esa emocion que transmite es increible, he llegado hasta las lagrimas. Y por lo que ha comentado al aire este para usted ha sido un año dificil, pero creame que usted para mi es un ejemplo a seguir, esa fortaleza, pocos hombres la logran reciba de mi parte un abrazo como el que se le da a un hermano.

  29. Mi siempre estimado Sergio, una mujer hermosa, sin duda, la que ahora camina contigo a todo lugar al que vas, hasta en sueños. Que coincidencia, justo hoy vi una pelicula de Robin Williams, donde aún en la muerte, los seres queridos se vuelven a encontrar, tal como lo escribes. Mientras leia tu post, paso por mi mente la frase del Tenth Avenue Freeze-Out, “and I’m on my own”… por favor mi Serch, que no sea para tí, recuerda siempre en tu corazón a Yolanda, que hizo de tí un hombre, con entrenamiento especial en San José de Gracia.
    Un fuerte abrazo brother

  30. Sergio:

    Mis más sinceras condolencias. Quiero decirte que va a llegar el momento en el que, al recordar al ser querido que perdiste, lejos de aparecer en tu rostro un lagrima, notaras que sonríes.

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