Era 1986 y yo estaba lleno de odio. Un odio que estaba listo para salir en
cualquier momento; lo único que necesitaba era una válvula de escape, que llegó en forma del Mundial de Futbol.
Por un golpe de suerte tuve boletos para ir a todos los partidos, inauguración y final incluidas. Y también había modo de conseguir entradas para el estadio de C.U., donde vi el partido más pinche de todos los tiempos: Italia-Francia. He visto mejores cotejos en la calle, con albañiles crudos anotando en porterías de ladrillo.
Además de tener boletos para mí, tenía para todos los demás adolescentes de la privada donde vivía, convenientemente localizada en Villa Coapa, desde donde se podía llegar al Azteca caminando.
Repartí con manga ancha. Hasta a los que me cagaban la madre les tocó. Y así nos íbamos caminando todos en fila, como un azotador verde, blanco y rojo, a ver el mejor futbol del mundo desde las primeras filas.
Sólo el primer partido, el de la inauguración, no fue así. En ése me tocó estar en un palco con mis papás. Nunca he entendido los palcos. Es como no estar en el estadio. Toda la acción está demasiado lejos. Además, en ese primer día del Mundial, había demasiados adultos muy estirados en el palco. Gente mamona que nomás iba a blofear. Yo los odiaba. Entonces comenzó la ceremonia.
Desfile, himno nacional, papelitos multicolores, y de pronto el altavoz aunció que habría “unas palabras del ciudadano presidente Miguel de la Madrid Hurtado”. La rechifla no se hizo esperar. Los mamones del palco se voltearon a var incómodamente. Mis ojos brillaron, inyectados de furia, y grité: “¡¡¡¡¡SÍ, QUE CHINGUE A SU MA/
Un santo chingadazo en la boca, cortesía de mi señora madre, me impidió concluir el insulto al presidente, que estaba –luego me enteré– en el palco de junto. No logré mentársela bien, pero de que me oyó, me oyó, el cabrón.
Apartir del siguiente partido, México contra Bélgica, me tocaron boletos hasta adelante y justo a media cancha. Inmejorables. Y acompañado por mis cuates, para mentar madres a gusto y comentar lo buenas que estaban las edecanes de Camel y Diet Coke, dos marcas que ese año se lanzaron en México, aprovechando el mundial.
La Diet Coke, que luego se convirtió en Coca Light, se me hizo vicio desde entonces (tenía 14 años). Pero de los Camel, lo único que me gustó fueron esas edecanes.
El Azteca no volvió a verse tan limpio ni antes ni después de aquel mundial. Era impresionante. Y yo tenía los mejores boletos del espectáculo más codiciado del mundo; pero aun así estaba lleno de odio.
Vibré, igual que otras 110,000 almas, cuando se cantó el himno nacional en aquel primer partido de la Selección. Recuerdo las caras conmovidas de Pablo Larios, Hugo Sánchez y Manuel Negrete oyendo aquel estadio, todo vestido de verde, sabiendo que las esperanzas de una nación entera estaban puestas en ellos.
Sin embargo, el mejor momento de ese partido, para mí, fue durante el medio tiempo. “Jacobo! ¡Quihúbole, Jacobo!”. Empezó a gritar la gente a mi alrededor, viendo hacia arriba. Ahí estaba Jacobo Zabludovsky, en el palco presidencial del estadio, saludando a sus admiradores.
Me le quedé viendo intensamente y señalándolo como si mi brazo fuera una
flecha que le apuntaba enmedio de los ojos, hasta que volteó a verme. Entonces hice el antebrazo hacia atrás en un movimiento rápido y moví los labios tan claramente como pude, para que leyera el “chin-ga-tu-ma-dre” que le estaba dedicando. “Se sacó de onda, el puto”, pensé en ese momento, orgulloso.
En el siguiente partido de México, esta vez contra Bulgaria, se la menté al pendejo de otro palco, que cada partido gastaba muchísimo dinero en mantas con chistes muy malos. Ese día, su genialidad consistió en la siguiente leyenda: “En Bulgaria, se desayunan con leche búlgara, pero en México… ¡con Huevos!” Me acerqué lo más que pude a su palco para anunciarle que sus mantas se me hacían una mamada, y para invitarlo, junto con el presidente y Zabludovsky, a que se fuera a chingar a su madre.
Creo que fue en ese partido cuando Manolo Negrete metió un gol de tijera inolvidable y Hugo Sánchez falló un penalty. Al final del partido, la gente prefirió abuchear a Hugo que aplaudir a Negrete, así que me puse a mentar madres a diestra y siniestra, con un silbato brasileño que emitía un zumbido fabuloso.
Entre tanta gente que salía del estadio, de pronto perdí a mis amigos y tuve que regresar a casa solo. En algún lugar sobre avenida Acoxpa, dos chicas en un Jetta del año se detuvieron brevemente a aplaudir “mi patriotismo”. No sabía de qué hablaban. Lo descubrí unos metros más adelante. En el aparador de una tienda vi mi imagen reflejada: en una mano traía una matraca gigante. En la cabeza, un sombrerote de paja. Y en el torso, una sudadera blanca con una bandera verde, blanca y roja, que en vez de águila y serpiente, tenía un balón y la palabra “México”.
Me deshice de todos aquellos aditamentos en el bote de basura más cercano, muy avergonzado.
Mi partido favorito de ese Mundial fue el de casi todo munndo, pero por distintas razones. El legendario Inglaterra-Argentina donde Maradona metió un gol con la mano.
Desde la llegada al estadio, mi identificación con los hooligans fue inmediata. Odiaban todo. Había una botarga muy bonita de Diet Coke en la explanada, que cada partido había estado ahí, dando la bienvenida a la gente con sus manotas blancas, como de dibujo animado, y sus brazos color plata.
Los hooligans se le fueron encima en cuanto la vieron. Cayó al suelo y no podía levantarse sin ayuda, así que sólo se retorció como cochinilla durante varios minutos, hasta que unos buenos samaritanos la ayudaron a lavantarse. La latita de Diet Coke, tan simpática antes, se convirtió en un bote lleno de ira, cuyas manitas mentaban madres, pintaban mocos y hacían la seña internacional de “me la pelas”. ¿Cómo no voy a ser adicto a tan fantástica bebida?
Adentro, el partido no llevaba ni un minuto cuando un argentino y un inglés intercambiaron golpes que se oían de portería a portería. Todos los mexicanos le iban a Argentina. Todos excepto yo, por supuesto. Maradona, el mejor jugador del mundo, me caía en los huevos. Y se me hacía una gatada apoyar a Argentina “para que la Copa se quede en América”.
Además de la famosa “mano de Dios”, esa mañana El Diego metió el mejor gol que he visto en toda mi vida. Casi desde su portería, avanzó hacia la de los ingleses, quitándose a seis que lo embistieron con todo. El centro de gravedad de Maradona debe ser bajísimo, porque jamás se cayó, y con una habilidad pasmosa burló a toda la defensa inglesa y clavó el balón en su red.
La señora Josefina, que vivía a dos casas de mí, nos dijo más tarde que el grito de gol se oyó hasta allá. No lo dudo. Tras su hazaña, Diego Armando brincó hacia el público, quedando justo frente a mí. Y mientras miles de voces lo aclamaban, yo le puse el dedo medio frente a la cara y le grité, con todas mis fuerzas: ¡¡¡¡¡CHINGA TU MADREEEEEEEEEEEEEEEE!!!!
Me volteó a ver con cara de desconcierto durante medio segundo –en serio– y luego se entregó al aplauso que todos los demás le estaban dando. Hasta los hooligans se deben haber quedado callados tras ese golazo. Yo no. Yo le menté la madre al Diego en su momento de mayor gloria.
¿Por qué mandé a chingar a su madre al presidente de la República, al periodista más famoso de México y al mejor futbolista del planeta en unos cuantos días? Responder eso tomó años de terapia y la respuesta real sería demasiado larga, así que recurriré a Bob Dylan una vez más, usando una frase de su canción “My Back Pages”: Yo era mucho más viejo entonces/ Hoy en día soy más joven.

Manuel Vargas
/ June 25, 2009Zurita, eres Dios!!!!!
Ychis
/ June 25, 2009Oh vamos, disfruten el relato y no lo analizen, Zuri, gracias por mentarle la madre a Maradonna, los otros dos me dan igual.
Ana
/ June 26, 2009Usualmente me gustan tus relatos y me los fumo todos; pero en este si te viste muy mamoncito mi Zuri.
-Qué? ¿Estabas encabronado por ser un riquillo de palco Hmm?
Esas mentadas tuyas sonaron insípidas y huecas viniendo de un juniorcito que no tiene ni idea del porqué mienta madres, ni de como es ganarse la vida sin que sus papis lo mantengan.
Te me figuraste como los EMOS del metro insurgentes: Los pendejos no saben ni por que son Emos pero la cosa es hacer showcito patético, y decir que “stán en contra de la sociedá”…
NO, No Zuri, mentar madres nada más por mentarlas y esperar que te besen los pies y te endiosen?
Yaaaaaa!
A otro perro con ese hueso.
PD. Que bueno que ya has entrado en años y en madurez para mentar madres pero con LOGICA.
Larisa
/ June 26, 2009Eres grande Zurita, me hiciste reir hasta el cansancio!!!!
Ricardo de la Parra
/ June 26, 2009Maestro Zurita, sos grande!
…Solo que en el ’86 no había salido el Jetta
Jean Marie Bonjour
/ June 26, 2009FELIZ CUMPLEAÑOS VERINGUIS LA ZURIADICTA,
MI CHULA ¡
TODOS LOS QUE TE QUERMOS TE FELICITAMOS ¡
26/06/09 9:31
La Gab de la Taquilla
/ June 27, 2009Mi Zuri neta que con este relato me acorde de la vieja que escribio el librito ese de las niñas bien, de quien no me acuerdo su nombre, en el sentido de que te senti como niño bien queriendo ser pueblo, en fin… igual es una percepcion muy pacheca.
De cualquier forma besos
NAy
/ June 29, 2009Hola Zuri!!!!
Me encanto tu relato creo que para una “aficionada del futbol” como yo jajaja no puede ser mejora aventura que la que experimentaste, es por eso que te ODIO por ser el MAESTRO que eres….. diria Lachito Villalobos !Te beso los empeines¡
Monse!!!
/ July 2, 2009Zuri,
Me fascina cuando compartes tus anecdotas y vivencias, lo haces de una manera muy particular. Deberas que maravilloso relato, me encanto!!
Rei hasta que me canse…!!!
No cabe duda de que eres un ser de otro mundo!!!!
Saluditos!!!
XoxO!!
Auria
/ July 2, 2009Zurita!!!
no hay como describir la gran sabiduria de la que nos hacer participes!!!!!
soy tu fan!!!!!! no la mejor, ni la numero uno, pero a fin de cuentas, tu fan!!!
un poeta con alas
/ July 8, 2009Maestro Zuri.. ya me lo imaginaba…usted tiene sus nalgas rosaditas… Pero la neta que buen relato y que emvidia no poder hacer de uno semejante recuerdo, no por las mentadas… si no por el momento… fue un suceso y usted lo relata muy bien!!!!!
alex
/ July 9, 2009Muy bien a esas parsonas era necesario mentarles la madre. No tiene nada que ver con clases. El primero un presidente corrupto y gris. El segundo un pseudo periodista que manipuló y enajenó las noticias durante decadas. El tercero un jugador de futbol extrordinario pero muy mamón. Saludos.
zurifan
/ July 10, 2009(added by Mobile using Mippin)
zurifan
/ July 10, 2009Zuri:
Muy cagado tu relato. Solo una cosilla: en aquel Mexico-Bulgaria que ganamos 2-0, la manta era: “Bulgaria desayuna con leche bulgara… !y Mexico con huevos! (added by Mobile using Mippin)
Sara
/ September 16, 2009Esta anécdota me recordó a cuando salió la canción “remake” de la chiquiti boom, que aceptaste que el oirla te había rejuvenecido varias décadas.
Saludos
jairo
/ October 2, 2009Esta chistoso el relato, lo de las mentadas, si no las justifico, quizas por la edad en ese entonces, alguna vez yo hice lo mismo en mi infancia por que oia que todos lo hacian, para dato estadistico yo tenia 8 años en ese mundial y el penal fallado de Hugo Sanchez recuerdo que fue contra paraguay, cuando empataron 1-1 y asi quedo el partido, el segundo contra bulgaria no recuerdo quien lo metio, no se exactamente si fue Quirarte, pero bueno, realmente si esta interesante la anecdota y me trajo recuerdos, yo llegue a tener mi muñequito de coca cola de supuestamente hugo sanchez tirando un penal
saludos