La puta Avalancha

Nací en 1971 y desde que tuve uso de razón quería una Avalancha.

En aquella época, había una industria juguetera mexicana a la que le iba muy bien.

Las marcas mexicanas eran Plastimarx (son bonitooos, son durableeees, son jugueeetes Plastimarx); Ensueño (Muñecas y juguetes… ¡Ensueño! Tan bonitos como tú); Lilí-Ledy (es Li-lí Le-dy) y la aún existente Mi Alegría (con juguetes Mi Alegría, siempre felices estamos, con juguetes Mi Alegría, aprendemos y jugamos).

Si aún recuerdo todas esas cancioncitas es porque todas esas jugueteras nacionales se anunciaban en televisión todo el tiempo. Cada día del niño se deben haber vendido millones de triciclos Apache, billones de muñecas Fabiola (la muñeca que camina por sí sola) y trillones de Lagrimitas Lilí (llora, llora y mueve sus manitas, solo se contenta llevándola a pasear, a comer, a bañarse…).

Pero de todas esas cosas, la más deseada por mí (más aún que el Patomóvil cuac cuac cuac)  era “el carro deslizador Avalancha. Avalancha es una avalancha de emoción. ¡Avalancha! Avalancha es una marca registrada, ¡no aceptes imitaciones!”.

Todo eso decía Genaro Moreno en el comercial de mi tele en blanco y negro, mientras unos niños hacían proezas en sus Avalanchas, que corrían más rápido que cualquier automóvil. Adultos pendejos, ¿para qué se compraban carros tan caros, pudiendo ir al trabajo en Avalancha?

La primera vez que vi una Avalancha en vivo, iba en ella un niño de la calle de junto. Mi calle se llamaba 1857, como la Constitución de ese año. La calle de junto se llamaba Nivel. Las demás calles de la Colonia del Parque eran la 1917, la 1810, la 1910. Y en medio de todas ellas estaba (está todavía) la calle Nivel.

¿Por qué se llama así? Quién sabe. Pero nomás por eso me cagaba. Y toda la pinche gente que vivía en ella me cagaba también. Así nomás, porque sí, por la misma razón que su pinche calle se llamaba Nivel. Y más me cagó cuando aquel niño pasó deslizándose en su Avalancha muy orondo, muy dueño de la situación el pendejo.

Para la siguiente navidad le pedí a Santa Claus una Avalancha. Me trajo pura verga. Decidí tratar con los Reyes y me trajeron ¡ropa! Detestaba la ropa. Todos los pinches suéteres me picaban. Y los overoles,  tan de moda en aquellos años, se me hacían el pasaporte directo al travestismo. Y de seguro lo eran, porque antes no había tantos travestis como ahora.

Pinches Reyes, siempre me traían ropa. Pero casi cuatro meses después llegó el Día del Niño, así que le pedí la Avalancha a mi mamá. Me miró como si le hubiera pedido una granada de mano: “¿Y dónde vas a andar en ella? ¿A media calle para que te atropellen?”

“Puedo usarla en la banqueta, ma”. “No. Olvídate. ¿Para que un día yo regrese de trabajar y me digan que estás muerto?” La única alternativa era usarla dentro de la casa. Mi mamá me dijo entonces que le preguntara a mi abuela, con un tono que insinuaba que ella también me iba a mandar por un tubo.

De todas formas lo hice, cuando estaba ocupada trapeando el piso. “El mosaico”, como ella le dice. Antes de negarme algo, mi abuela siempre tenía la decencia de poner cara de angustia y darme una larga explicación de por qué no. Pero en esa ocasión ni volteó a verme ni dejó de trapear para decirme: “Me vas a manchar el mosaico con las llantas”.

Y era cierto, las llantas dejaban tallones negros hasta en el asfalto cuando las Avalanchas se frenaban de golpe. Ni modo. Para acabarla de amolar, ese año me compraron un Invasor (o sea, un frisbee) negro marca Cobra,cobra también mexicana.  Estaba chido, pero a los cuatro días lo dejé adentro del coche de mi mamá y el sol lo dejó todo deforme. Parecía una caca.

El refrán popular que más odio es “ten cuidado con lo que deseas; podrías obtenerlo”. Es como de gente ardida, que nunca se ha salido con la suya. Es como para gente de Nivel. Él niño culero de esa calle tenía una Avalancha, pero seguro ni la quería. La hubiera cambiado por un Chutagol o una máquina de raspados en un segundo.

Digo todo esto porque finalmente otuve mi Avalancha. Pero a un costo mu alto.

Un día mis abuelos me informaron que estaban hartos del D.F. y se iban a regresar a vivir a San José de Gracia, en Michoacán. Se decidió que yo me fuera con ellos y mi mamá se quedara en la ciudad hasta que yo terminara la primaria.

Cuatro años estuve allá. Cuatro años en los que aprendí a jugar Invasor con boñigas, que son cacas de vaca secas en forma de plato (antes no me dio tétanos). Luego, cuando aprendí a socializar un poco más, empecé a jugar Changai.

Para el Changai que se necesitan dos equipos, dos piedras y dos varas -una corta y una larga- de una planta llamada capitaneja. Una vara de esas es ideal para darle de chicotazos a una mula, por ejemplo. Pero en el Changai, que era una especie de criquet chichimeca, la vara corta sustituía a la pelota y la larga al bat.

El Changai se jugaba en cierta época del año, hasta que de un día para otro todo mundo salía a jugar con una soga en vez de las dos varas, para hacer trucos de charrería. Había que comprar varios metros de soga y luego quemarle las puntas en la estufa, para que no se deshebrara, dejando una especie de ojal en uno de los extremos, para ahí meter el otro y hacer un lazo.

Aprendí a hacer un par de los trucos más fáciles, como meterme dentro de la soga y hacerla seguir girando a mi alrededor. Pero otras suertes, como las tarabillas, me parecían imposibles. Cuando nos cansábamos de florear la reata (así se dice, ni modo) lazábamos a los perros -especialmente al Texano, que tenía cabeza de Collie (como Lassie) y cuerpo de tlacuache con zorrillo.

Era horrendo el pinche Texano. Su dueño, José Juan, era mejor conocido como Jotejuán, porque hacía azahares para bodas.  Cada vez que lazábamos a su perro se le salían las lágrimas, pero ni el gesto ni la voz le cambiaban. Nomás decía “ya déjenlo, ya déjenlo” mientras nos aventaba terrones enormes con gran puntería.

Sobra decir que yo también hice de res en incontables ocasiones. Algún cabrón me lazaba de los pies y otro de la cintura. El problema no era las caídas, sino las quemadas. La soga me dejaba unas llagas espeluznantes (los vaqueros no usan guantes por elegancia) y por su textura como de escobeta, sentía que me estaban lazando con alambre de púas.

Siempre pasaba lo mismo: en cuanto empezaba a agarrar la onda del juego de la temporada, se cambiaba de juego. En época de vientos, por supuesto que se volaban papalotes. Luego venía el trompo, luego el futbol y luego otra vez el Changai (que debe haber sido en otoño, cuando a las capitanejas se les caían las flores y empezaban a secarse).

Yo era tan bueno para el futbol, que cuando los capitanes armaban sus equipos, al final siempre quedaban dos niñas que apenas habían aprendido a caminar y yo. Entonces, el capitán del equipo que tenía el turno para elegir hacía una pausa, me miraba, miraba al otro capitán y decía: “Quédate con el güero y dame a las chiquillas”. “¡Ni madre!”, replicaba el otro, como si le quisieran dar al “Abuelo” Cruz a cambio de Pelé.

La única época del año en que se jugaban distintas cosas al mismo tiempo era en las semanas posteriores al 6 de enero, cuando llegaban los Reyes (Santa Claus debe haber detestado la vida pueblerina tanto como yo, porque ni se paraba por San José de Gracia.)

Yo ya no creía en ellos desde antes de llegar allá, pero fingía que sí ante todo mundo. Los demás niños de mi edad se burlaban de mí y traían a sus hermanitas (las mismas que jugaban mejor al fut que yo) para preguntarles: “¿Quiénes son los Reyes?” “Los papás y los agüelitos”, contestaban ellas, chimuelas pero con gran autoridad.

Años después, todos los que se habían burlado de mí estaban convencidos de que sobre una roca, en una ranchería cercana, había aparecido una Virgen. Yo lo único que veía era una mancha en forma de mantarraya, pero ellos le llevaban flores y la contemplaban en silencio. “No es la Virgen, son sus agüelitos y sus putas madres”, les dije. Pero sólo en mi mente, porque no soy suicida.

Además, yo fingía que los Reyes seguían existiendo a ver si ahora sí me traían mi Avalancha. Vivíamos a la orilla del pueblo, así que casi no pasaban coches; ya no había pretexto. EL 5 de enero le pregunté a mi abuela si ella pensaba que sí me la traerían. “Pues ya veremos”, me contestó con una sonrisa que, más que complicidad, era un “ya sabes que sí, qué le haces al mamón”. Y  luego sentenció: “Nomás no me rayes los mosaicos”.

avalancha1Era un hecho. La Avalancha estaría ahí en la mañana. No me acuerdo si pude dormir o no, pero al día siguiente, debajo del arbolito artificial con follaje plateado de toda la vida, reflejándose en las esferas color rubí, estaba mi anhelado carro deslizador Avalancha, una avalancha de emoción. No, Genaro Moreno, no acepté imitaciones.

Mi madre y mi abuela me vieron sonriendo. Yo les sonreí de regreso y salí a la  calle a jugar con mi Avalancha de color naranja, volante verde y llantas muy anchas. Éstaba cruzando la puerta, pensando en la calle empinada a un costado de la casa, cuando me topé cara a cara con la cruel realidad: todas las calles de San José de Gracia eran empedradas.

Aún así lo intenté. Puse la Avalancha en la cima de la calle empinada, me subí y le di un empujón con el pie derecho. Avanzó como dos metros. Lo volví a intentar y avanzó un poco más, quedando muy cerca de la pared, porque se había ido chueca.

No tardaron en llegar los buitres y sus hermanitas. ¿Qué pues, güero?” “¿Te trajeron tu Avalancha los Reyes, güero?” “A ver, préstala”. No ofrecí resistencia. Se subieron a ella como seis niños, mientras otros seis no dejaban de empujarlos. Así sí bajó la calle la puta Avalancha.

Volvieron a hacer lo mismo, tomando turnos, como cien veces. Luego llegaron unos niños de secundaria, a quienes yo veía enormes, y se subían de a dos o tres a la Avalancha, que empezó a hacer unos ruidos como de puerco en rastro.

Se armó una fiesta en torno a la Avalancha. Se subió el idiota del pueblo, dos teporochos y creo que hasta el pinche Texano. Todavía recuerdo cómo se partió en dos, porque estaba atardeciendo y los que iban encima se dieron un madrazo que los hizo reír muchísimo.

Ese fue el mejor día de Reyes de toda mi infancia.

182 thoughts on “La puta Avalancha

  1. Re= Juan Manuel Vazquez
    Si estuvo bueno tu anécdota, hay jefes que regalan lo que les vale, a mi me paso con mi
    Ma que lo que ella consideraba que a mi me valia lo regalaba y siempre mi madre me partia la idem apesar de que uno le salia con las jaladas que aprendio con el chavo del 8 “El que dá y quita,con el diablo se desquita ” pero siempre le valio
    o sease estuvo gacho en su momento, pero ultimadamente es como la vida tiene uno ratos amables unos de hacer muina, y otros de pagar.
    Saludos Juan Manuel. desde S.:L Potoui.
    08/07/09 8:58 AM

  2. Te pasaste de vergas Zurita pero tienes razon mas o menos se parece ami historia pero en mi historia yo la tuve que hacer con mis propias manitas y con cosas que no les servia a otros.
    K madrazos y que putazoz se me tia uno pero te cagabas de la risa.

  3. Maestro Zurita:
    Esta ha sido una de las historias más divertidas que he leido por lo menos en lo que va de este año. Me es sumamente familiar porque al igual que a usted, a mi también me llevaron a vivir a provincia por algun tiempo de mi vida y por las referencias comerciales mas o menos por la misma época, gracias por compartir estas historias de esta manera tááán divertida
    Felicitaciones

  4. NO, PUES QUE LE DIGO MAESTRO. AHORA SI CASI ME HIZO LLORAR, NA´MÁS DEL RECUERDO. YO NO SÉ POR QUE YA NO LAS FABRICAN, PUES IGUAL ERA ALGO QUE SÓLO ALGUNOS NIÑOS PUDIMOS DISFRUTAR. A MI AVALANCHA TAMBIÉN DE PUSE EN LA MADRE POR SUBIR A TANTOS, PERO QUE DIVERTIDAS…

  5. zuri ! me hiciste recordar mi infancia pues cuando eramos niños a mi hermano mayor le trajeron una avalancha pero esta si era de las chafas y hacia un ruidoque cuando jugabamos con ella una señora salia a hecharnos agua para que nos que nos callaramos y entonces te pregunto para que inventar las avalanchas si nadienos dejaba jugar con ellas

    saludos a todos los de la taquilla todos los dias los escucho !!

    besos !!

  6. LA VERDAD, ES QUE A MI LO QUE ME GUSTA DE TI… ES QUE CUENTAS LAS COSAS CON TANTOS DETALLES QUE UNO PUEDE IMAGINARSE A LA PERFECCION LO QUE CUENTAS, SON ESOS DETALLES LO QUE HACE QUE TE HACE VIVIR RECUERDOS O SENSACIONES….SI, TAL VEZ A MUCHOS LES PASO PARECIDO O IGUAL PERO LA BELLEZA DEL RELATO DE ZURI ES LO QUE CAUSA CUANDO TE LEEMOS…. BESOS!

  7. no pos que puedo decir…. a mi me costo un ahujero en la cabeza y fue la primera vez que senti que mi mamá no me queria :( para pararme la hemorragia me puso un trapo quemado y senti que me hiba a quemar por desobediente jajaja ya despues me rei mucho mucho mucho….

  8. Mi Serch, como siempre te la sacaste con la historia, y por los comentarios que he leido, me doy cuenta que muuuuuchos de los que te leemos somos treintañeros nostalgicos que añoramos un poco de aquellos años felices que vivimos durante nuestra infancia (yo soy del 75). Y por más que digan que sólo son épocas diferentes no puedo menos que compadecer a los niños de ahora que no tuvieron la oportunidad de madrearse en su avalancha o en su bicicleta, rasparse las rodillas, torcerse los tobillos o salir con un ojo morado después de que alguien soltó el bat (un palo cualquiera) muy fuerte después de pegarle a la pelota de tenis en un beis en el terrendo baldio de la calle de atras. No crecieron con estos comerciales fantasticos, ni mandando su dibujo de monstruilio en una carta al festival de juguemos a cantar, ni soñaron con conocer al dragon cornelio al ver a los chamacos de chiquilladas patinando en reino aventura.

    El tiempo pasó y ahora ya somos adultos que añoramos, no se por qué, esa época en que todo era más sencillo y que todo se solucionaba prendiendo la tele para ver el último capítulo de Mazinger Z. Felicidades Serch.

  9. lo mas chistosode todo es que NUNCA calculaste lo de las calles o sea tu estabas a-f-e-r-r-a-d-o a tu ché avalancha… y si es ciertopara que de verdad te impulsaras te tenian que aventar y que tal te quedaba la espalda después del empujon 500 mil hecha pedazos me hiciste reir mucho gracias!!!

  10. Pingback: La puta Avalancha « Bendito Manicomio

  11. excelente relato!!! me hizo reir tanto y recordar tantas cosas… la verdad que recordar es vivir

  12. a mi nunca me trajeronla avalancha,me dijeron que era peligrosa y que además era juguete para los niños,en ese momento conocí la envidia,tenía por vecinos a una pareja de hermanos un niño de mi edad (8 años) y su boba hermanita(como de 4 años )y esa escuintla se subí a la avalancha de su hermano,,,,,babosa chiquilla tenía ganas de darle una patada.

  13. Qué tal,. don sergio Zurita, excelente relato que nos hace recordar nuestra infancia a quienes nacimos en los 70′. De manera similar a usted, viví en la ciudad de Monterrey hasta los 8 años y posteriormente me llevaron a vivir a Zacatecas, para entonces en la edad Media, con decirle que durante el famoso eclipse total de sol de los ochentas, el cura del lugar hizo que toda la población llevara sus cirios a bendecir, el que no lo llevara no tendría luz en su casa ´porque las tinieblas le ganarían a la luz eléctrica…
    Me fascinó su manera de contar cómo un niño citadino se enfrenta a los juegos de provincia, y me mató su descripción de todos ellos, especialmente del changai , al que por cierto nunca le3 entendí….

    Mil felicidades y besos. dios Zurita,

    La Calcetín con Rombosman de la Taquilla.

  14. QUE BUENA HISTORIA SR. ZURITA ACABAS DE HACERME RECORDAR MI INFANCIA, EN LA CUAL TAMBIEN TUVE UNA AVALANCHA COLOR “NARANJA”, YO NACI EN EL 78 Y POR ALLA DE LOS AÑOS 80’S CUANDO TENIA COMO 5 AÑOS… LOS REYES MAGOS ME TRAJERON UNA AVALANCHA COLOR NARANJA, CON LLANTAS ANCHAS, FRENO DE MANO Y UN ACIENTO DE HULE…
    QUE BUENOS TIEMPOS AQUELLOS………….

  15. :D ESTUPENDO RELATO! me hiciste recordar esos días, disfruté y reí mucho, mucho.

    Ya hace falta que escribas un libro de tus memorias de infancia Sergio.

    -Cuando la vida era vida!

  16. Gracias Rosario y Jean Marie. Y si fue cruel pero creo que no lo hizo con intención de chingar, simplemente la cajeteo mi jefe pero ya quedamos que no hay pex, voy a regalar su tanque de oxigeno a otro, no cheto es broma.

  17. Que bárbaro, que manera de relatar, me hiciste llorar de la risa como hace mucho no lo hacía, yo soy del 72 y me quedé con ganas de una porque como soy niña, a las niñas no les traen esos juguetes, de verdad se añoran esos tiempos y mucho…FELICIDADES. escribe más de éste tipo pls.

  18. Maestro,sus relatos son aun mejor que los que tenia Kevin Arnold en “The Wonder Years” Le sugiero se reviente un relato de estos pero contandonos de su primer amor(asi o mas chusco el tema) Comparta por favor que tranza su propia Winnie Cooper.Saludos

  19. es la primera vez que entro a la pagina pero trato de escucharlos en la radio, lo mas seguido que me es posible, es una historia muy nostalgica y muy divertida a la vez, ademas de que los que tuvimos suerte para tener una avalancha sabemos de los golpes que sufrimos y que fue muy divertida nuestra infancia con ese singular juguete
    gracias y por favor que corran de la taquilla a rene franco ya que es muy televiso

  20. Que linda historia mi zura, me agrado lo del patomóvil cuac cuac, ay mi zura, eres genial, de verdad, reire todo lo que queda del día.

  21. Pinche Zuri… no se si estoy suceptible, pero ya me has hecho llorar varias veces, la mayoría de risa… Me encantan tus historias de la infancia… Ya empieza a pensar en el guión para una movie… estaría genial!!!

  22. Yo nunca tuve una avalancha, ya que tenerla, segun mi jefa y las vecinas de la cuadra, era casi casi pase directo a la clinica 72 del IMSS, Vivo cerca de una calle bien chida para delizarse, lamentablemente, la trinche calle termina exactamente enfrente de un porton de metal de una escuela primaria.

    Aun asi, por inicios de los noventas jugabamos con una:
    Un cuate llamado Vladimir,,aka el vlas. tenia una avalancha y no las prestaba.

    El juego consistia en frenar antes de que te dieras un madrazo contra el porton y aparte cootrolar la frenada en calle semi empedrada.

    Para no aburrir, o tu caias de la pinche avalancha y te raspabas manos, rodillas, o de plano toda la jeta (si no sabias meter las manos) o te rompias un brazo . Eso le paso al vlas, y aparte estaba quedando medio mal, porque su jefe lo llevo al huesero. “Al seguro social, ni madres, nada mas le van a dar una aspirinia” eso dijo su jefe.

  23. Me dió mucha risa y a la vez nostalgia (qcasi se me sale una lágrimita -y no me refiero a un payaso puto-), escuchar tu relato! y después tener el placer de leer los comentarios de quienes te seguimos♥

    Saludos

  24. EXCELSO Y SUBLIME no encuentro palabras más precisas que describan tu relato.

    Gracias por existir.

    Atte:
    La Cloverflied de La Taquilla

  25. A mi llego la nostalgia y no por los pinches juguetes añorados de la niñez ,sino por ke mi familia es de por esos rumbos de San Jose de Gracia Mich. de un che ranchito llamado “La Rosa Amarilla” jal. cerca de la Manzanilla de la Paz… jajaja las hojas de la capitaneja NO son buenas pa limpiarte la cola, pues a veces estando allá enfiestado y bien pedo necesitas liberar al animal, favor de no cometer el error de usar un manojo de capitaneja pues les ardera la cola varios días, lo recomienda el primo de un amigo jajaja… Chido ZURITA tons debes de conocer los pajaretes, las guasanas, las toqueras, las corundas, ponche de granada, etc,etc… tanta cosa rica y hermosa de esos rumbos chiiiiido, muxos saludos casi paisano…

  26. Te la volaste con tu relato, me has hecho el dia y reir mucho. Yo soy del 75 soy de Monterrey y nunca tuve una avalancha, tuve que esperar a probarla despues de que nacio mi hermano y cumplio como 12 años, para ese entonces ya tenia yo como 17 y ya no cabia en la puta avalancha, me lleva la chingada. Algo que la subtituyo una navidad cuando tenia como 4 años fue un camion de volteo de plastico enorme, pues cabia yo dentro de la caja y me subia a el y me daba la vuelta impulsandome con una pierna. AAh que tiempos. Por cierto Alguien aqui menciono a MOUNSTRILIO crei que solo existio en mis mas profundas pesadillas pero ya veo que no, este personaje era una botarga que salia en el programa JUGUEMOS A CANTAR.

  27. Vaya… acabo de encontrar la página.

    Aún recordaba la anécdota de la avalancha de hace muchos años en la Taquilla (que por muchos años fue mi programa favorito…mientras pude escucharlo). Recuerdo cómo me reí la primera vez con lo de las calles empedradas y las historias de niño de ciudad viviendo en Mich.

    Saludos

  28. A mi me compraron mi Avalancha en Soriana peeeero a mi padre, ya sufriendo por la presion de “ya compramela, ya compramela, ya la quiero usar, ya bajala, ya puedo salir, ya la quierro usar, ya compramela,etc” …no la reviso cuando se la trajo y traia una llanta boluda y ahi andabamos mi carnal y yo arriba de mi avalancha que te movias como Ruta de Pesero en camino pedregozo arriba del cerro…

    muy buena anecdota

  29. jajajaja pues yo si al parecido pero la mia era apache con volante tipo aviòn jajajaja que madrax me puse con esa madre jajajaja

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