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Temas, tramas y traumas de un amante impotente... perdón, de una mente imponente

El aviador vs. los ladrones del Tíbet

aviatorDos días antes de que estallara la epidemia de influenza porcina, vi por enésima vez El aviador, gran película de Martin Scorsese en la que Leonardo DiCaprio interpreta a Howard Hughes.

No es exagerado decir que Hughes (1905-1976) fue el padre de la aviación moderna; sus innovaciones en la aeronáutica siguen vigentes hoy en día.

También produjo estupendas películas, como Hell’s Angels (la cinta más cara de la historia cuando se filmó, en 1930), además  de The Outlaw y la primera Scarface. 

Howard Hughes anduvo con las mujeres más bellas de su época, como Ava Gardner y Katherine Hepburn. Era guapo, millonario, muy inteligente y carismático.

Por envidia o por miedo a la competencia, aerolíneas más poderosas que la suya trataron de destruirlo, en en contubernio con gobernantes corruptos. Pero no pudieron contra él. Ningún gigante pudo contra él. Ni siquiera el cielo se le resistió.

Lo que terminó venciendo a Howard Hughes no era un gigante. Era algo muy pequeño. Tan pequeño que ni siquiera era tangible: el trastorno obsesivo-compulsivo.

La película de Martin Scorsese empieza con el pequeño Howard, de unos cuatro años de edad, siendo bañado por su madre.

Mientras lo baña, le dice algo como: “Pobre bebé, no estás a salvo”. Y le informa que existen los virus y las bacterias, criaturas invisibles que pueden matarlo. Luego lo enseña a deletrear la palabra “cuarentena”.

La escena se queda tatuada en la mente del niño, y años después se manifiesta como una de las causas de su trastorno obsesivo-compulsivo.

En situaciones de estrés, Hughes tiene ataques de ansiedad en los que ve gérmenes asesinos en todos lados.

Esto lo lleva a tener arrebatos de paranoia en los que quema toda su ropa, convencido de que está plagada de bichos. Además, siempre trae consigo un jabón guardado en una cajita de metal, con el que cada rato se  lava las manos, a veces hasta sangrárselas.

El clímax de su miedo, en la película de Scorsese, llega cuando Hughes se encierra en su sala privada de cine, donde nunca deja de proyectarse The Outlaw, cinta de vaqueros que cuenta la historia de Billy The Kid y que fue filmada en el desierto.

Mientras el filme se proyecta sobre su pecho, Howard Hughes dice: “Me gusta el desierto… es limpio”. Y luego repite cientos de veces cuál es la manera sanitaria de abrir una botella de leche.

Pasan semanas y Hughes no sale de su encierro. Está barbón y desnudo. Y las botellas de leche ahora contienen su orina. El miedo a un ambiente insalubre lo lleva a provocar un ambiente insalubre.

El trastorno obsesivo-compulsivo es aterrador. Ahora hay avances científicos (fármacos e intervenciones quirúrgicas) que lo hacen menos terrible, pero no deja de ser una de las pruebas más duras por las que puede atravesar un ser humano. Si alguien que me está leyendo lo tiene, tiene además toda mi admiración y respeto.

La ansiedad que traemos todos, a causa de la emergencia sanitaria de la influenza porcina, la sienten todos los días de su vida quienes padecen lo que padecía Howard Hughes.

Él tuvo que vivir con eso hasta el último día de su existencia, en una época donde no se sabía tanto del cerebro como ahora. Y ese enemigo invisible, que en su mente se traducía en gérmenes microscópicos, lo llevó a retirarse de la vida pública en 1950 y a morir el 5 de abril de 1976, autorrecluido en un hotel de Acapulco.  

La influeza porcina existe, no es producto de la mente de nadie, ni un complot maestro para acabar con nada.

Pero tampoco podemos vivir poseídos por el miedo. No quiero decir que no tomemos precauciones (lavarse las manos es muy recomendable, mientras no sangren, y usar el tapabocas en el metro o pesero, también) pero el miedo fuera de control puede ser muy destructivo.

Ahora bien, con el miedo se pueden tres cosas: 1.- Sucumbir a él, y entonces lo convertimos en nuestro jefe. 2.- Tratar de reprimirlo, y entonces lo convertimos en nuestro enemigo. Y 3.- Tratar de entablar un diálogo con él: ”a ver, miedo, vamos a platicar”.

Según el monje budista Yongey Mingyur Rinpoche, la mente es como un camino solitario en medio del Tíbet, rodeado de cuevas llenas de ladrones.

Cuando vas por el camino, puedes tratar de matar a los ladrones, pero ellos son criminales expertos que podrían matarte a ti. O podrías dejarte robar… pero el viajero sabio, lo que hace es negociar con los ladrones:

“En vez de robarme, les propongo contratarlos como mis guardaespaldas. De todos modos ganarán dinero, y cuando lleguemos a la ciudad adonde vamos, yo mismo los recomendaré con otras personas para que los contraten de guardaespaldas. Esto les permitirá ganar, a la larga, más dinero del que podrían robarme, y además tendrán una vida honorable y dejarán de habitar esas cuevas, donde en invierno se mueren de frío y en verano se mueren de calor”.

Usualmente, los ladrones aceptan y se vuelven los mejores guardaespaldas, agradecidos de por vida con su benefactor. Como dice el mismo Yongey Mingyur: “Los pensamientos oscuros no son más que la sombra que proyecta una mente brillante”.

Si la mente es tan poderosa como para crear monstruos terribles, también puede hacer… aviones. 

En su mayor pánico, Howard Hughes proyectaba sobre su pecho el desierto, por donde andaba el forajido Billy The Kid. Y esto le daba calma, como si intuyera las enseñanzas de Yongey Mingyur Rinpoche.

Si tan sólo hubiera podido platicar con ese ladrón que él mismo creó, y que lo hacía sentir miedo en el camino… O tal vez lo hizo, y por eso salió de aquel encierro para poner en marcha el H-4 Hércules, el hidroavión más grande de todos los tiempos, una aeronave gigantesca que sólo una mente muy poderosa logró hacer volar.

Hay influenza. Tomemos precauciones. Pero no usemos la mente para agrandar el miedo, sino para negociar con los ladrones y levantar el vuelo.

yongey

hughes

 

 

 

 

 

 

     Yongey Mingyur Rinpoche.                                         Howard Hughes.

107 ResponsesLeave one →

  1. la amante infiel

     /  May 2, 2009

    Sergio: eres una luz en el camino…. no procesaba lo que sentia y acabas de dar en el clavo mmmm… que rico¡¡¡

  2. zURI…ME HE DIVERTIDO ESCUCHANDOTE EN LA TAQUILLA, HE GOZADO LEERTE. pERO EN DEFINITIVA, AHORA ENCUENTRO UNA RAZÒN MUY DISTINTA PARA DISFRUTARTE.
    gRACIAS MAESTRO.

  3. Gilberto

     /  May 4, 2009

    Maestro, que coincidencia yo también acabo de verla por cuarta vez, con todo y el documental de History Channel que trae la versión original. No sabía que le gustaba también kiss de morro, esos gueyes son mid idolos no les prendo veladoras porque dicen que es sacrilegio. Saludos del Alfalfa de la taquilla desde Calgary Canadá. Los oigo por internet.

  4. Mi hermana me recomendo leer este …

    el miedo es el reflejo a lo desconocido , una vez que sabemos de que se trata , podemos manejar cualquier cosa

    saludos …

  5. Erika

     /  May 4, 2009

    Hoy entre a tu blog, despues de varios dias de no hacerlo y me encontre con esto… y no pude contener las lagrimas. Hace casi un año yo padeci un transtorno obsesivo-compulsivo que duro 2 años, y para mi fue vivir en una pesadilla secuestrada por un constante panico. Puedo imaginar ahora lo que fue para Howard Hughes vivir tantos años asi. Cuando yo estaba en las ultimas de mi problema fue que vi la pelicula y me conmovio mucho, pero me dio la mano para salir del hoyo.
    Me quedo con tu frase: “Si la mente es tan poderosa como para crear monstruos terribles, también puede hacer… aviones”
    Una vez mas Sergio, GRACIAS por todo lo que provocas.

  6. Capitán_Howdy

     /  May 12, 2009

    Es la primera vex que le escribo señor Zurita, esta peli no la he terminado de ver, ayer la pasaron por el canal cinco pero XS un chingo de comerciales, mejor me la compro. Scorsese es de mis favoritos y de las películas que he podido ver, y tener, a pesar de que Los infiltrados, que es BUENA, ganó EL Oscar a mejor peli me quedo con Taxi Driver y Buenos muchachos

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