10 razones para ir a “Aperitivo crítico”.

Me invitaron hace unas semanas a participar en una extraña mesa de debate acerca de la función de la crítica en el teatro.

Acepté por varias razones:

1.- Mi esposa está de viaje, la extraño como bestia y un evento así me servirá de distracción.

2.- Quien me invitó es una amiga actriz proveniente de Ciudad Juárez. Populismos aparte, tengo favoritismo por la gente de Juaritos, empezando porque Jaime López y Joaquín Cosío pasaron sus adolescencias allá, y terminando porque Juanga y Bob Dylan le han cantado a esa chingonería de ciudad: “Ciudad Juárez es número uno, Ciudad Juárez is the number one”. “When you’re lost in the rain in Juarez and it’s Easter time too”.

3.- El escritor mexicano más divertido de todos, Jorge Ibargüengoitia, fue dramaturgo y crítico teatral antes de ser novelista. ¿Por qué el teatro mexicano permitió que un escritor de ese nivel se alejara para siempre de él? ¿Eran justas sus hilarantes y agudas críticas a las obras que veía? ¿Por qué la comunidad teatral lo reconoció como dramaturgo hasta que se murió? ¿Somos una punta de necrófilos? Continue reading

Charla sobre José Joaquín Blanco, mañana en Minería

“Me amaba (pero en Plateros)”. Uno de los grandes placeres de mi vida era escuchar esas palabras en la voz de su autor: José Joaquín Blanco.

Una vez cada semaana, en un lugar clandestino conocido como el Bebys’ Bar, el gran escritor se volvía animal escénico durante hora y media, y relataba la caída de gracia de un preso que alguna vez fue libre, joven y amante de una tragicómica mujer fatal llamada Geles.

La obra era La desgracia del castigador, basada en la novela El castigador, del propio Blanco. El resto del elenco lo conformábamos Jaime López, Raúl Aldana y un servidor. Los cuatro nos turnábamos para encarnar al castigador del título, y entre los cuatro íbamos ampliando la imaginación del respetable, para que ahí cupieran las nalgotas de la tal Geles y sus tenebrosas aventuras: en el gobierno tenía un puestazo en el que nomás iba a cobrar.  Era tortita de un influyente y había sido vedette.

¿Quieren saber más? Entonces tienen que estar mañana, domingo 6 de marzo, a las 18:00 horas (seis de la tarde) en el Auditorio Cinco del Palacio de Minería (Tacuba No. 5, Centro Histórico), donde se llevará a cabo una mesa redonda acerca del gran José Joaquín Blanco, a quien yo considero el mejor escritor mexicano de la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI. Tendré el gusto de compartir la mesa con el gran poeta Luis Miguel Aguilar y con Alejandro García.

Todo esto, dentro del marco de la Feria del Libro de Minería, la más importante del D.F.  El evento es gratis y la entrada a la feria cuesta quince pesos. Espero verlos por allá y celebrar que José Joaquín cumple 60 años este 2011. Allá nos vemos.

Mi amigo Omar de la Rosa

Lo conocí en Nogales, Sonora. Allá nació y allá vive hasta la fecha, aunque su corazón siempre ha estado al otro lado del Río Bravo. Es un corazón habitado por la imaginería americana, igual que el mío. Tal vez por eso somos amigos.

Me veo en él. Soy él hace veinte años. Y hace treinta. Es un hombre muy joven persiguiendo un sueño y trabajando para lograrlo. Él también se ve en mí, aunque su sensibilidad y su inteligencia rebasan a las mías por mucho. Nos admiramos mutuamente. Hemos visto juntos a Dylan y a Springsteen: es decir, hemos viajado a la Meca juntos. A la Meca que está en el desierto de Sonora, que es nuestro Sahara.

Él ama a Green Day tanto como yo amo a Bob Dylan. Hace sus peregrinaciones para verlos cada que la vida se lo permite. Ha decidido que su vida no será ordinaria. Se ha inventado a sí mismo, como el propio Bob Dylan.

Bob Dylan nació Robert Zimmerman de Minnesota. Omar nació Omar de la Rosa de Nogales. Dylan cambió de nombre y de destino e hizo bien. Omar está transformando su destino, pero creo que debe conservar su nombre: Omar es árabe para “hombre de larga vida” y De la Rosa de Nogales nos habla de un prodigio a medio desierto.

Larga vida a Omar de la Rosa. Mi amigo. Mi hermano. Un abrazo.

3er RALLY TEATRAL EN NEZA, HOY

Hoy, sábado 12 de febrero de 2011, se llevará a cabo el 3er Rally Teatral en el Centro Cultural Regional de Ciudad Nezahualcóyotl, ubicado en 4a Avenida, esquina con Francisco Zarco.

Se trata de escribir, ensayar, estrenar y publicar seis obras teatrales de 15 minutos cada una, en solamente doce horas, El estreno de las obras será a las 8:00 p.m. en el foro del Centro Cultural.

Yo voy a escribir una de las obras, que será dirigida por Gabriel Figueroa Pacheco y cuyo elenco estará encabezado por el gran Emilio Guerrero:

Dicho sea de paso, Emilio era mi ídolo desde que hacía la voz de Alf.  Luego confirmé su talento en la película Un mundo raro,  y más tarde conocí de cerca su generosidad y su temple en una obra donde compartimos el escenario: Cartas a mamá, de David Olguín.

A estas horas de la madrugada, aún no sé de qué se va a tratar la obra, porque los organizadores todavía  no nos dan tema. Sólo sé que será de tres actores y cuatro actrices, a quienes -con la excepción de Emilio- acabo de conocer hace cuatro horas.

Si andan por allá, vayan. Se va a poner bueno. Al final de la función, las seis obras estarán publicadas en un libro editado por Anónimo Drama, donde publiqué mi primera obra. ¡Allá nos vemos!

“La conspiración”, nada que ver con México

Hoy volví a ver La conspiración (The Contender), una chulada de película que, por cierto, no tiene absolutamente nada que ver con ninguna situación de la realidad mexicana reciente.

Se trata de un presidente de Estados Unidos (Jeff Bridges, el mejor actor del planeta) cuyo vicepresidente ha muerto. Él quiere que una senadora (la fabulosa Joan Allen) sea la sucesora del difunto, pero eso lo tiene que aprobar el poder legislativo (senadores y diputados).

El presidente y su candidata son demócratas. Pero el comité designado a investigar si Joan Allen es digna de ser vicepresidenta (y tal vez presidenta, en un futuro no muy lejano) está encabezado por un diputado de ultraderecha (Gary Oldman, irreconocible) a quien le repugna la ideología liberal de la candidata.

Hurgando en el pasado, Oldman encuentra unas fotografías, en las cuales, la potencial vicepresidenta parece estar teniendo sexo con dos hombres a la vez, mientras otros hombres y mujeres los miran con euforia.

Las fotos parecen ser de cuando la candidata iba en la universidad y formaba parte de una hermandad cuyo rito de iniciación era, justamente, acostarse con dos tipos al mismo tiempo. (Estas “hermandades” universitarias, cuyos nombres suelen ser tres letras griegas, salen en miles de películas, y siempre hay fiestas y sexo.)

AVISO: SI NO QUIEREN SABER MÁS DE LA TRAMA, DEJEN DE LEER AQUÍ, COMPREN LA PELÍCULA EN MIX-UP POR $32  (SÍ, TREINTA Y DOS PESOS) Y VUELVAN LUEGO.

Con esas fotos y un rumor de que en Harvard “era tremenda”, la posible primera presidenta de los Estados Unidos es sometida a un bombardeo brutal de humillaciones públicas. El diputado que la odia repite, una y otra vez, que la senadora “pudo haber formado parte” de una orgía “reprobable” y no deja de mencionar su “presunta” conducta “desviada” y “pervertida”.

¿Y qué hace Joan Allen al respecto? Callar. Dice que es muy su pasado y muy su vida privada y simplemente no lo va a discutir públicamente. No se defiende. Nunca. Aun a pesar de las arteras maniobras del diputado, quien, haciendo afirmaciones disfrazadas de preguntas, le dice puta ante la nación entera, cubriendo sus ataques con expresiones como “presuntamente” o “se dice que”.

“Se prueben o no las acusaciones, para el pueblo norteamericano ella ya es una degenerada”, dice Oldman, saboreando el daño causado. “Aclarar esa situación sería ir contra mi propia dignidad”, insiste ella, causando la mofa del diputado y la impaciencia del presidente, para quien es importantísimo que su legado, su “canto del cisne”, sea enfilar a esa mujer a la presidencia.

Si la candidata fuese candidato, a nadie le importaría su vida sexual. Hay un doble estándar moral. Eso es un hecho. Y es por eso que ella no se defiende de las acusaciones. Porque ese no es el punto.

Hay una escena en la que una veterana de Washington le da a la candidata un arma infalible: “la esposa del diputado abortó en secreto, él dice que el aborto es un asesinato, pregúntale si piensa que su esposa es una asesina”.

Pero Joan Allen decide no usar esa arma. Sería rebajarse al nivel de Gary Oldman. Sería violar la privacidad de otra mujer para defender la suya. Y lo que ella quiere, por encima del poder para sí misma, es que en los puestos de poder no importe, de veras no importe, si se es hombre o mujer. La verdadera igualdad, pues.

El final es sorprendente. La chica de las fotos en la orgía no es nuestra candidata, y ella habría podido probarlo con gran facilidad (un lunar en la nalga, que la muchacha fotografiada no tiene). Es cierto que formó parte de aquella hermandad (“nunca había estado lejos de casa y me sentía sola”). Sí se emborrachó, dijo que sí al sexo grupal, pero al verle el pene al primer tipo que se desnudó frente a ella, decidió que no quería hacerlo y se fue.

El rumor fue otro. Que se tiró a todos, que era la más promiscua de Harvard. Y siendo ella misma la hija de un importante político, era un rumor demasiado jugoso como para no esparcirlo hasta volverlo leyenda urbana: hasta volverlo “verdad”.

“La política es una extensión de la guerra”, dice Gary Oldman en La conspiración. Y la suciedad de esa guerra parece no tener límites. No importa llevarse entre las patas la reputación de quien sea. No importa difamar, no importa chingarse al presidente -cuya figura va más allá, o debiera ir más allá. del partido al que pertenece-. No importa desestabilizar al país, “total, luego lo estabilizamos cuando nosotros estemos en el poder”, piensan los canallas como el diputadete Gary Oldman.

Lo único que se puede hacer, dignamente, es no responder a rumores, mucho menos a campañas de desprestigio. Y eso es lo que hace Joan Allen en La conspiración. Gran película que conmueve y emociona, aunque nada tenga que ver con México.