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Carta a mi amigo Oliver

Hasta ayer no sabía por qué comencé este blog. Simplemente lo hice, preguntándome qué tramaba la parte oculta de mi cabeza. Ahora lo sé.

Mi amigo Oliver Schneider sufrió un fuerte accidente en motocicleta hace más de un mes. Se está recuperando poco a poco, pero el proceso requerirá de paciencia. Para colmo, su seguro médico se niega a pagar, dando argumentos que no son razones. Esto quiere decir que además del via crucis médico habrá uno económico, que yo estoy dispuesto a aligerar un poco a través de este blog que para eso nació, sólo que no lo sabía.

En una semana estará lista una edición especial de mi obra No te preocupes, Ojos Azules, de la que haré una presentación cuyo costo de entrada será comprar el libro mismo. Ya les diré dónde y cuándo. Además, rifaré mi reproducción de Las señoritas de Avignon de Picasso y pronto les estaré dando un número de cuenta bancaria para donaciones.

Hace poco le escribí a Oliver esta carta, que ahora me gustaría compartir con ustedes.

 

oliverQuerido Oliver:

Hace veinte años cayó el Muro de Berlín y nosotros salimos de la prepa.

Hace semanas que tu prima Renata y Emma (mejor conocida como Isabel, mejor conocida como Chabuca) me preguntaron si quería escribirte algo. De inmediato les dije que sí y que estaría listo al día siguiente. Pero después no pude.

Y no pude porque no quería sonar a tarjeta de Hallmark ni decirte lugares comunes, ni ponerme demasiado filosófico o demasiado superficial.

Pero ayer leí en el Facebook de Emma que te estás recuperando. Y hoy estoy seguro de que sí. Lo sé porque hace rato salió U2 en el show de David Letterman. Llevan toda la semana cantando una canción diaria ahí, en el Ed Sullivan Theater, donde América se enamoró de los Beatles hace apenas 44 años.

Estaban presentando su nuevo disco -No Line On The Horizon- pero hoy decidieron tocar “Beautiful Day” y algo en mi cerebro se destapó, pensé en ti y vine a escribir sabiendo que mejoras a cada instante.

En este momento estoy viendo la foto de nuestra generación, justo cuando salimos del Madrid. Eres el primero de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo. Eres el primero de nosotros.

Miro tu rostro y es obvio que desde entonces eras más adulto que el resto. No quiero decir que “te hicieras” el adulto. Simplemente se te daban de manera natural el liderazgo, la adaptabilidad, la serenidad y la capacidad de inspirar confianza.

Si un día me pierdo con dos personas en una isla desierta,me gustaría que esas dos personas fueran Angelina Jolie y tú. A ella la elegiría por un deber que me obliga a perpetuar la especie. Y a ti, porque estoy seguro de que sabrías qué hacer ante la adversidad.

Siempre te he admirado, querido Oliver. Y ni siquiera sé exactamente por qué. Independientemente de tu inteligencia y tu sentido del humor, siento que sabes algo que yo no sé. Algo que casi nadie sabe, que casi nadie tiene: la capacidad de gozar la vida.

Recuerdo tu risa. Te ríes con toda la cara y con todo el tórax. Y te pones rojo. Mírate en la foto: tu sonrisa es la más amplia de todas. Nunca te he visto llorar, pero estoy seguro de que también lo haces al cien por ciento. Así es como se debe vivir. Es curioso; cuando pienso en ti pienso en Zorba, el griego. Aunque tú serías más bien Zorba, el vikingo. Ninguno de los dos deja, como diría Bono, que se le escape un día hermoso.

Si vivir es un arte, entonces tú eres Picasso, amigo mío. Por eso toda la gente que te conoce te quiere. Todos te seguiríamos adonde tú nos llevaras. Así que quiero pedirte un favor a nombre de todos nosotros: necesitamos que recuperes tu salud por completo, porque estamos muy perdidos sin ti.

Estamos perdidos en la tormenta y no encontramos la brújula, capitán Schneider. Necesitamos su presencia para animar a la tripulación.

Durante la fiesta que organizó Daniel para juntarnos después de veinte años, me pidieron que hablara. Dije algo que Philip Roth dice en uno de sus libros: que la Humanidad es un concepto abstracto. La verdadera humanidad es tu familia, es la gente que nace al mismo tiempo que tú y con la que convives durante años.

Hace 44 años, las chicas que se desmayaban por los Beatles eran la humanidad. Pero ahora mismo la humanidad somos nosotros. Así que puedo afirmar sin exageraciones que la humanidad te necesita, querido Oliver.

En estas semanas hemos estado como Matt Dillon en Rumble Fish. ¿Te acuerdas de esa película? Aquí le pusieron La ley de la calle.

Empieza con Dillon en el papel de Rusty James, un chamaco preparatoriano que quiere ser líder de una pandilla como lo fue su hermano, el Motorcycle Boy (Mickey Rourke).

Hace meses que el Motorcycle Boy está desaparecido y Rusty James no puede llenar sus zapatos. En una batalla de pandillas están a punto de vencerlo y entonces aparece, por fin, su hermano mayor, dispuesto a poner orden.

Nadie sabe qué está pensando el Motorcycle Boy. Nunca. Parece mucho mayor de lo que realmente es. Y su serenidad es envidiable. Está por encima de su entorno. No juzga a su padre alcohólico ni a su ex novia, enganchada en la heroína. Ni siquiera al policía que lo odia y quiere acabar con él.

Sabe algo más que los demás. Sabe eso mismo que tú sabes. Necesitamos que te recuperes y nos lo digas pronto, Oliver.

Una vez, en 1966, Bob Dylan tuvo un accidente en su motocicleta Triumph. Durante su recuperación, grabó en el sótano  una casa en Woodstock un disco que luego se conoció como The Basement Tapes (”Las cintas del sótano”). Lo extraño de ese disco es su atemporalidad. Se pudo haber grabado en 1920 o antier. Esas canciones las hizo un alma vieja. Como Dylan. Como tú.

Te lo digo porque sé que en este momento tú estás grabando tus propias Cintas del Sótano, que posteriormente saldrán a la luz.

Mientras tanto te puedo decir que todos te extrañamos mucho en la reunión. Yo, particularmente, extrañé verte para hacerte el mismo chiste de siempre. Pedirte que me saludes a tu hermano Doron mientras canto como Manzanero: “Oliver, salúdame a Doron, la calle en que nos vimos, a Doron, la tarde en que nos conocimos, a Doron, las cosas que me dices, nuestros ratos felices…“.

Lo sé, soy un baboso. Pero tú te ríes cuando hago esa payasada. Y en este momento, amigo mío, tu risa vale más que cualquier otra cosa en el mundo.

Te mando un abrazo muy grande.

Sergio

P.D. El nuevo disco de U2 está buenísimo. Hace 20 años empezaron a trabajar en el Achtung Baby en Berlín, justo después de la caída del Muro. El nuevo, como ya dije, se llama “No hay línea en el horizonte”. Es una señal: el futuro nos abre los brazos de par en par, amigo. Abracémoslo de vuelta.

Posted in Un poco de todo.