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Temas, tramas y traumas de un amante impotente... perdón, de una mente imponente

Sergio Zurita

Hormigas

Las hormigas nos ven con temor y respeto,

Podemos aplastarlas con un solo dedo

Y a veces lo hacemos.

Pero en otras ocasiones, por descuido,

Las dejamos hacer su imperio de migajas y azúcar,

Hasta que un día arrasamos con todo a nuestro paso.

Para las hormigas, nosotros somos Dios.

Estampida de estampitas 115

Como dos gotas de agua:


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10 razones para ir a “Aperitivo crítico”.

Me invitaron hace unas semanas a participar en una extraña mesa de debate acerca de la función de la crítica en el teatro.

Acepté por varias razones:

1.- Mi esposa está de viaje, la extraño como bestia y un evento así me servirá de distracción.

2.- Quien me invitó es una amiga actriz proveniente de Ciudad Juárez. Populismos aparte, tengo favoritismo por la gente de Juaritos, empezando porque Jaime López y Joaquín Cosío pasaron sus adolescencias allá, y terminando porque Juanga y Bob Dylan le han cantado a esa chingonería de ciudad: “Ciudad Juárez es número uno, Ciudad Juárez is the number one”. “When you’re lost in the rain in Juarez and it’s Easter time too”.

3.- El escritor mexicano más divertido de todos, Jorge Ibargüengoitia, fue dramaturgo y crítico teatral antes de ser novelista. ¿Por qué el teatro mexicano permitió que un escritor de ese nivel se alejara para siempre de él? ¿Eran justas sus hilarantes y agudas críticas a las obras que veía? ¿Por qué la comunidad teatral lo reconoció como dramaturgo hasta que se murió? ¿Somos una punta de necrófilos? Read the full article »

Charla sobre José Joaquín Blanco, mañana en Minería

“Me amaba (pero en Plateros)”. Uno de los grandes placeres de mi vida era escuchar esas palabras en la voz de su autor: José Joaquín Blanco.

Una vez cada semaana, en un lugar clandestino conocido como el Bebys’ Bar, el gran escritor se volvía animal escénico durante hora y media, y relataba la caída de gracia de un preso que alguna vez fue libre, joven y amante de una tragicómica mujer fatal llamada Geles.

La obra era La desgracia del castigador, basada en la novela El castigador, del propio Blanco. El resto del elenco lo conformábamos Jaime López, Raúl Aldana y un servidor. Los cuatro nos turnábamos para encarnar al castigador del título, y entre los cuatro íbamos ampliando la imaginación del respetable, para que ahí cupieran las nalgotas de la tal Geles y sus tenebrosas aventuras: en el gobierno tenía un puestazo en el que nomás iba a cobrar.  Era tortita de un influyente y había sido vedette.

¿Quieren saber más? Entonces tienen que estar mañana, domingo 6 de marzo, a las 18:00 horas (seis de la tarde) en el Auditorio Cinco del Palacio de Minería (Tacuba No. 5, Centro Histórico), donde se llevará a cabo una mesa redonda acerca del gran José Joaquín Blanco, a quien yo considero el mejor escritor mexicano de la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI. Tendré el gusto de compartir la mesa con el gran poeta Luis Miguel Aguilar y con Alejandro García.

Todo esto, dentro del marco de la Feria del Libro de Minería, la más importante del D.F.  El evento es gratis y la entrada a la feria cuesta quince pesos. Espero verlos por allá y celebrar que José Joaquín cumple 60 años este 2011. Allá nos vemos.

Mi amigo Omar de la Rosa

Lo conocí en Nogales, Sonora. Allá nació y allá vive hasta la fecha, aunque su corazón siempre ha estado al otro lado del Río Bravo. Es un corazón habitado por la imaginería americana, igual que el mío. Tal vez por eso somos amigos.

Me veo en él. Soy él hace veinte años. Y hace treinta. Es un hombre muy joven persiguiendo un sueño y trabajando para lograrlo. Él también se ve en mí, aunque su sensibilidad y su inteligencia rebasan a las mías por mucho. Nos admiramos mutuamente. Hemos visto juntos a Dylan y a Springsteen: es decir, hemos viajado a la Meca juntos. A la Meca que está en el desierto de Sonora, que es nuestro Sahara.

Él ama a Green Day tanto como yo amo a Bob Dylan. Hace sus peregrinaciones para verlos cada que la vida se lo permite. Ha decidido que su vida no será ordinaria. Se ha inventado a sí mismo, como el propio Bob Dylan.

Bob Dylan nació Robert Zimmerman de Minnesota. Omar nació Omar de la Rosa de Nogales. Dylan cambió de nombre y de destino e hizo bien. Omar está transformando su destino, pero creo que debe conservar su nombre: Omar es árabe para “hombre de larga vida” y De la Rosa de Nogales nos habla de un prodigio a medio desierto.

Larga vida a Omar de la Rosa. Mi amigo. Mi hermano. Un abrazo.