En la Ciudad de México, a partir de hoy, todas las cantinas, bares, cervecerías, discotecas y demás establecimientos de entretenimiento nocturno, se verán obligados a cerrar sus puertas a las tres de la mañana, teniendo que suspender la venta de alcohol a las dos y media.
La Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó esto casi por unanimidad. Tenemos un gobierno perredista. ¿No se supone que los perredistas son liberales, a diferencia de los panistas? ¿No se supone que esta clase de atropellos pasan en Guanajuato, pero jamás en el D.F.?
Tratar a los ciudadanos como niños es un insulto. Pero además genera corrupción (los dueños de los antros darán mordida a los inspectores de las delegaciones y a los policías) y es un toque de queda tácito.
Este término, toque de queda tácito (es decir, no escrito, pero muy real) no es mío, sino de Jaime López. El genial compositor y músico es uno de los grandes defensores de la vida nocturna. Una ciudad con vida nocturna es una ciudad sana “hasta ecológicamente”, me dijo una vez López. Muy cierto.
He tenido la fortuna de estar en Nueva York, en Nueva Orleans, en Londres y en Madrid. Ciudades donde las mujeres caminan con vestidos coquetos a las cuatro de la mañana en calles seguras y perfectamente iluminadas. Ciudades donde la fiesta le gana al miedo.
La Ciudad de México lo tiene todo para ser así. Pero no lo es. Lo que sí es, lo dice Jaime López en esta canción extraordinaria:
Panteón del neón
Alguien mató a la noche
dicen que fue la tele,
chance fue el eje vial,
cierta moral incluso,
dizque la autoridad;
sea quien haya sido,
juro que no fui yo,
aaay,
panteón del neón.
Cuenta la gran leyenda
-y en el cine se ve mejor-
que hubo muy buenos tiempos
donde no los hay hoy,
por estas viejas calles
alguien la asesinó;
sea quien haya sido,
juro que no fui yo,
aaay,
panteón del neón.
Panteón del neón,
centro de la ciudad,
donde hasta la Llorona
desaparecerá.
Luce tan sedentario
el futuro en su propia red
y desde allá un enviado
trajo la nueva fe,
dice que de aventones,
viaja por Internet;
sea quien haya sido,
juro que no fui yo,
aaay,
panteón del neón.
Jaime López

